domingo, 30 de diciembre de 2007

Una luz en la noche


Un prisionero cubano en las carceles del Castrismo.
Testimonio de la esposa del Dr. Biscet/video:

martes, 25 de diciembre de 2007

martes, 11 de diciembre de 2007

Muestra Paya mecanismo de escucha en su linea telefonica

Tomado de los Miquis

El terror al pueblo de "EL GRUPO": golpizas, cabillas e improperios disuelven marcha pacifica/ Video

Mecanismo "persuasivo" de la Corporacion para disuadir a disidentes politicos. El pueblo, es decir las Brigadas de Respuesta Rapida las que son reforzadas por personal de la Seguridad del Estado vestidos de civil conforman la primera linea de hostigamiento. Inmediatamente en la segunda linea se encuentra la policia regular reforzada por miembros de la seguridad del estado.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Los hijos del enemigo - Norberto Fuentes

Descripción del método empleado por Fidel Castro para cometer un asesinato en masa y salir airoso del episodio/NF

Las guerras secretas de Fidel Castro. 2da parte


Por Juan Benemelis

miércoles, 5 de diciembre de 2007

La comunicacion cifrada entre la STASI y el MININT

El investigador cubano residente en Alemania Jorge Luis Vazquez, ha realizado una encomiable labor de investigacion en los archivos de la STASI alemana, demostrando los vinculos secretos entre esta agencia y los organos de la inteligencia y la contrainteligencia cubanos.

Tomado de Pinceladas de Cuba: http://pinceladasdecuba.blogspot.com/2007/10/la-radiocomunicacin-cifrada-entre-la.html

viernes, 30 de noviembre de 2007

Escarmiento sumario o cena para cuatro

Dramatico testimonio de Raul Rivero sobre las ultimas horas de uno de los secuestradores de la lanchita de Regla fusilado sumariamente.

En su momento, Fidel Castro justifico [todos sabemos que oriento] el fusilamiento de los tres secuestradores para dar un escarmiento ejemplar y desalentar los secuestros de otras naves y aeronaves. Este hecho en si, revela el desprecio por la ley y la impunidad con que el Presidente y Dueño Unico de la Corporacion Cubana actua.

Pero como el tambien conoce perfectamente, el secuestro de una embarcacion es solo un efecto de las causas que provocan la desesperacion por escapar de Cuba. Y no hay escarmientos ni fusilamientos sumarisimos que detengan ese exodo en busca de la esperanza.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Miedo al doctor. Como la Corporacion se prepara para neutralizarlo

Resumimos las medidas que ha tomado La Corporacion para neutralizar el llamado del Dr. Darsi Ferrer para manifestarse pacificamente el proximo 10 de octubre Dia de los Derechos Humanos.

Por Osvaldo Yañez

La sección 21 de la Dirección General de Contrainteligencia, conocida por “Enfrentamiento”, ha impartido las órdenes oportunas para que se extreme la vigilancia en todos los grupos opositores al régimen castrista, a saber:

  1. Organización de un evento que requiera ser cubierto por toda la prensa internacional para impedir que esta acceda al parque, en previsión de que las medidas adoptadas no tengan el efecto deseado.
  2. Impartir órdenes a los CDR para que se extremen las vigilancias sobre los disidentes pacíficos para que ningún movimiento o visita quede sin ser reportado a los oficiales de control.
  3. Movilizar a los brigadistas necesarios para impedir que los opositores salgan de sus domicilios el día citado, organizando los actos de repudio con la violencia que sea necesaria para impedir el movimiento de los presuntos desafectos.
  4. Refuerzo de los controles de acceso a la capital, identificando y deteniendo a cualquier activista que sea sospechoso de acudir al llamado. Estos controles se extenderán por todo el país y serán irrestrictamente impedido el desplazamiento a todo aquel que no pueda justificarlo.
  5. Poner en alerta a una compañía de las tropas antimotines para que esté presta a entrar en acción si fuera requerida para ello.
  6. Establecer un perímetro defensivo de la plaza controlando que a ella no pueda acceder ningún disidente pacífico, ni a pie ni en vehículo de ninguna clase.
  7. Toma de la plaza por una Brigada de respuesta rápida, apoyada por miembros de la DGCI, para poder detener con prontitud y contundencia cualquier intento de manifestación no autorizada.
  8. Control y seguimiento de los extranjeros, tanto periodistas como los pertenecientes a las disímiles legaciones diplomáticas, para impedir su llegada a la plaza; para este fin se apoyaran en la policía de tránsito, para entorpecer su circulación; si el desplazamiento fuera a pie, se establecerán las medidas de distracción necesarias para que los sujetos no lleguen a su destino.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

lunes, 26 de noviembre de 2007

La Presencia de las FAR en la Economía Cubana

El posible reciclaje de la Inteligencia de la Corporacion. Un ejemplo

enrisco: Otra forma de transición

Las Guerras Secretas de Fidel Castro. Fragmentos del libro de Juan Benemelis

Juan Benemelis, autor de las Guerras Secretas de Fidel Castro y miembro del Think Tank, ha tenido la gentileza de poner a disposicion de los lectores fragmentos de su libro.

viernes, 23 de noviembre de 2007

La Corporacion y su sistema de influencias en el exterior

La Corporacion emplea diferentes sistemas y procedimientos para ejercer su influencia en la arena internacional. Uno de ellos son los centros socio-culturales y humanitarios al estilo de la Casa de las Americas de New York. Su presidente, el Sr. Luis Miranda acaba de ser sepultado en La Habana, recibiendo altos honores. Como afirmo el propio Ricardo Alarcon en la despedida del duelo "permaneció en Nueva York porque sabía que estaba cumpliendo una misión en la que puso todo su empeño, por la que se jugó todos los días su vida,...el trabajo de Luis Miranda al frente de la Casa de las Américas de Nueva York, escenario de la solidaridad con nuestro país, y tribuna para difundir la verdad de Cuba y de Latinoamérica".

Quien fue Luis Miranda:

La Habana, noviembre 15.- Luis Miranda, durante muchos años presidente de la Casa de las Américas de Nueva York y fundador del Movimiento 26 de Julio en esa ciudad, murió este martes.
Miranda formó parte de esa generación de cubanos emigrados, siempre fueron fieles a su Patria, y que en Nueva York se organizaron para ayudar en la lucha popular contra la dictadura batistiana, señala hoy el periódico Granma.
A instancias de Fidel, junto a otros compañeros, Luis Miranda fundó el Movimiento 26 de Julio en Nueva York, donde vivió la mayor parte de su vida hasta su fallecimiento.
Luchador por la defensa de la Revolución cubana, Miranda fundó la Casa Cuba, luego Casa de las Américas, institución que por décadas acogió a decenas de organizaciones latinoamericanas y de otras nacionalidades, pero sobre todo, sirve de escenario de solidaridad con la Isla y sus luchas contra el Imperio.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El control de la Corporacion en barrios y centros de trabajos: Los agentes secretos de Cuba

Los agentes secretos de Cuba
Por Augusto Canales
Tomado de http://www.nuevaprensalibre.com/

Mucho se ha hablado de los métodos que utiliza la Seguridad del Estado en Cuba, para mantener una vigilancia en todos los organismos, empresas, intelectuales, a los cuales se les vigila mucho más, y personas en general. Es un engranaje meticulosamente diseñado y a sus integrantes se les da el nombre de “agente secreto”, “colaborador” cuando en realidad no son más que “chivatos”, “soplones” o “3333” como se les llamaba durante el gobierno de Fulgencio Batista y también en el Machadato.

Muchas personas han sido víctimas de estos individuos que pensando que hacen una labor social (es lo que le hacen creer), o simplemente por ganar méritos dan información al régimen, muchas veces inventando historias sin ningún tipo de escrúpulos con tal de ver a sus víctimas destruidas. Están también, los que inteligentemente se han valido de la chivatería para escalar puestos, y desde su alta posición hacer mucho más daño. La mayoría, cuando el agua les ha llegado al cuello, no han vacilado en cruzar el charco y esconderse en cualquier parte del mundo, por temor a ser descubiertos y ser juzgados. Uno de ellos me ha contado cómo funciona la maquinaria para captar agentes.

En cada organismo, empresa, centro de trabajo o estudio por grande o pequeño que sea hay un agente profesional encargado de la vigilancia de todo el personal, de la supervisión de todo lo que ocurre en el área. Ese agente, al que todos conocen, es el encargado con ayuda de la administración de buscar y encontrar al sujeto o sujetos que trabajarán para él. Algunas veces el agente es una mujer.

Cuando ya tienen elaborado el perfil del sujeto, generalmente personas ambiciosas, sin ningún tipo de posibilidad, personas que desean sentirse superiores, son llamados primero por la administración la cual hace un tanteo y posteriormente en reunión secreta con el agente, que demagógicamente apela a recursos como: de ti depende el futuro de la Revolución, los enemigos encubiertos nos hacen mucho daño, de conciencia, de espíritu revolucionario, de necesidad de desenmascarar a los contrarrevolucionarios, y de lo importante que será su aporte a la causa del socialismo. Generalmente el sujeto acepta, no tanto por los principios, unas veces porque sencillamente es un “chivato” por naturaleza, otras porque tiene miedo a negarse y que tomen represalias con él.

El sujeto acepta. En esa primera reunión se le asigna un nombre “Chucho”, que será su seudónimo, se le explica que las reuniones serán secretas, y se escoge un lugar, acto seguido se pasa a la parte principal, las personas a vigilar, los supuestos enemigos, digamos Juan, jefe de planta, Pablo, maquinista de tren, Néstor, liniero, o Julio, el contador. Todos ellos trabajadores honestos que para la Seguridad representan enemigos potenciales. Hay que ganarse la confianza de ellos, hacerse íntimos, investigar con quienes se reúnen, que ideas tienen, en fin todo lo más mínimo. Juan mordió el anzuelo, y lo quitaron de jefe. A Pablo le pasó lo mismo y no tuvo tanta suerte, fue a parar a la cárcel con Julio el contador. Y Néstor resultó ser otro Chucho que vigilaba al Chucho. El que me contó todo esto aún vive en Cuba, y tiembla nada más que de pensar en el derrumbe de la Revolución y que descubran que ha sido un chivato. Y les puedo asegurar que todavía hay muchos “Chuchos” encubiertos que continúan haciendo de las suyas, aunque también es cierto que hasta los propios agentes de la Seguridad, no las tienen todas consigo. El miedo es muy mal consejero.

Así son las cosas en el país que se dice ser libre y tiene a todos los ciudadanos encadenados y encerrados en una cárcel gigantesca, el país que no se cansa de acusar a otros gobiernos de no respetar los derechos humanos, el que cacarea día y noche que los “Cinco famosos héroes” prisioneros del Imperio han sido condenados injustamente. Tiene gracia, para el régimen de los Castro, los “Cinco” son héroes, ellos viajaron para defender a su patria, aunque fueron para espiar, no son espías ni enemigos, son “Héroes”. Sin embargo, en las cárceles cubanas hay muchos prisioneros políticos que por solo expresar sus ideas cumplen largas condenas y para los Castro son enemigos de la patria al servicio de los Estados Unidos. Y algunos estúpidos se lo creen.

Y a los cubanos, mucho ojo, con el que se sienta a su lado, el que almuerza en la misma mesa, tu mejor amigo, incluso tu novia, tu mujer o el vecino, que es un Chucho, un “agente secreto” y te está espiando... Y no es exageración.

Nota de Laz.- Por ello uno de los mecanismos mas efectivos contra los sistemas de terror es que la gente deje de sentirlo.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Max Marambio


Por Diario "Nuevo Acción"

"Nuevo Acción" ha traido a la actualidad la figura de Max "El Guatón" Marambio al publicar en noviembre del año pasado la noticia de que había sido encargado por la familia Castro de adquirir para ellos tierras en Chile. En anteriores ediciones habíamos escrito sobre sus negocios con la tiranía cubana y lo describimos como uno de los grandes testaferros cubanos usados por Fidel Castro para ocultar y mover su enorme fortuna. Muchos lectores se han interesado en saber más del personaje y nosotros comenzamos hoy una serie que colmará la curiosidad de todos y que contará exhautisvamente parte de su vida, sus negocios chuecos y los legales por cortesía de Secretos de Cuba y de "Toño."

La vinculación de Max ‘Guatón’ Marambio con la revolución cubana se remonta a un viaje que realizó a La Habana con su padre, el diputado socialista por Colchagua, Joel Marambio, en 1966. Por entonces el joven Max, recién egresado del Instituto Barros Arana, quedó prendado de Fidel. Conocerlo “fue como una especie de fuerza de la naturaleza”, ha dicho. En medio de una recepción al grupo de chilenos, Castro le preguntó qué quería estudiar. Marambio contestó: arquitectura. El comandante respondió: “fenómeno, porque nosotros nos estamos volcando por entero a la agricultura”. Entendiendo el error intencional de Fidel, Marambio comenzó a estudiar Agronomía. Pero le duró poco.Bajo el influjo de la revolución y sus ideales Max Marambio se sumó a una generación de latinoamericanos que a fines de los 60 pasaba de las aulas de la Universidad de La Habana a los campos de entrenamiento de guerrillas inspirados por el ejemplo del Ché.Su muerte en la sierra boliviana precipitó el regreso de Marambio a Chile con la idea de hacer su “revolución de bolsillo”, como ha reconocido. En eso estaba, concientizando campesinos de Colchagua, cuando ingresó al MIR y luego al GAP, la escolta de Allende.En 1970 y con apenas 23 años se convierte en jefe del Grupo de Amigos del Presidente. ¿La chapa? Un nombre de película de espías: Ariel Fontana. Con Allende nunca fueron cercanos. Al “Chicho” le costaba aceptar las restricciones de movimiento que imponía su seguridad. Más difícil le era recibir órdenes de un jovencito que poco a poco se fue desencantando de su doble rol de GAP y miembro del MIR.

Para Marambio, el proyecto de revolución pacífica de la UP era “un enunciado contradictorio en sí mismo”, según dijo a La Tercera a raíz de los 30 años del golpe. Y el MIR, en tanto, una organización que había despreocupado la preparación militar de sus militantes y se alejaba peligrosamente de la unidad de la izquierda. Desde su punto de vista el proceso se encaminaba a un suicidio político. Unos y otros no estaban conscientes de lo que vendría.Pese a que siguió realizando algunas operaciones de inteligencia a pedido de Allende, como la investigación del asesinato del edecán naval del Presidente, Arturo Araya, en noviembre de 1971 se retiró de GAP y seis meses después salió del MIR. No sin antes dar la prueba de la blancura revolucionaria, incorporándose como “instructor en un centro de entrenamiento guerrillero que el movimiento tenía en las montañas de Temuco”, escribe Marambio.

La racionalidad de su análisis 30 años después, no obstante, contraviene la pasión por la velocidad que adquirió por esos días. Acostumbrado a volar por las calles de Santiago en los Fiat 125 arreglados del GAP, el 20 de enero de 1972 Max Marambio tuvo un accidente automovilístico en el que murió su polola Valentina. Él venía al volante y el acontecimiento lo dejó “deshecho”. Sería el primero de varios grandes dolores como la tortura de su madre por el agente de la DINA, Osvaldo Romo.

El golpe militar lo haría regresar a Cuba.Tras estar encerrado diez meses en la embajada cubana en Chile, Marambio parte a Suecia sin intenciones de vivir la melancolía del exilio. “Nada de empanadas ni cuecas lagrimosas”, dijo. Las condiciones habían cambiado. Cuba. La única revolución latinoamericana que persistía no podía morir. Max Marambio pisa suelo cubano a fines del ´74 de la mano de su primera esposa, una sueca de la cual se divorcia rápidamente e ingresa a la Universidad de La Habana a estudiar Ciencias Políticas. Al poco tiempo, determinado por la agria lección del fracaso chileno ingresa a Tropas Especiales, el cuerpo militar de elite de Cuba. Si el primer contacto de Max Marambio con Fidel había sido a través de su padre, la estrecha relación que mantienen hasta hoy tiene nombre y apellido: Tropas Especiales. En Chile había estado con dos de sus más importantes oficiales: los gemelos Patricio y Antonio “Tony” de la Guardia, quienes en 1989 serían detenidos y procesados en La Habana por narcotráfico junto al general Armando Ochoa. El primero recibiría 30 años de cárcel en lo que se conoció como la Causa No1; ‘Tony’ y Ochoa, pena de muerte.

Aunque testimonios de opositores a Fidel Castro, como el del escritor Norberto Fuentes, aseguran que el chileno se salvó del proceso al hacer “informes de inteligencia en contra de ‘Tony’”, Marambio alega que él fue corsario pero no devino en pirata. Pero a principios de 1975 ni los hermanos de la Guardia o Marambio podían predecir el futuro. En nombre de la revolución y con patente de corso brindada por Fidel los nombres de la Guardia, Marambio y otros se fundirían en operaciones secretas militares y comerciales durante los siguientes tres años. Angola, Palestina, el Líbano, Corea, Centroamérica y Europa los vieron traspasar sus fronteras en misiones encubiertas de “ayuda internacionalista” a las luchas de liberación.“Me tocó participar en algunas guerritas pero nada más”, admite Marambio cada vez que le preguntan por los tres años de misiones especiales que el actual empresario nunca ha querido revelar. Según él, se debe a que “le tengo demasiado respeto a quienes tomaron ese camino y no pudieron vivir para verificar o corregir mis palabras”.

Pero un chileno radicado en Cuba que perteneció al MIR y que participó en operaciones de la “solidaridad internacionalista cubana” desplegada en la década de los 70´, da otra explicación. Según él, hombres como Marambio y Antonio de la Guardia, “ayudaron a Cuba siendo testaferros de sus negocios en los ‘70”. Explica que debido al bloqueo norteamericano y la necesidad de divisas “las operaciones económicas encubiertas fueron intensas”.¿El método? “El movimiento de capitales era la base de confianza, te pasaban 100 mil dólares para multiplicarlos, no te preguntaban cómo los ibas a usar, confiaban en ti y tú les respondías bien”. Así de simple, dice. No obstante, asegura que cuando se fundó la Corporación Importadora Exportadora de Cuba, Cimex, en 1978 y Fidel decretó la autorización para crear empresas de propiedad mixta (un 50% de propiedad privada y un 50% del Estado cubano), “las cosas empiezan a moverse más abiertamente”. Precisamente Marambio fue quien encabezó Cimex e inició el turismo a la isla de exiliados cubanos, hasta 1983, fecha en que es destituido. Aquí las versiones nuevamente varían. La oficial precisa que la dirigencia cubana no vio con buenos ojos lo que consideró el germen de un “capitalismo de pacotilla”. La informal apunta a que Marambio tenía cuentas y tarjetas de crédito en el extranjero. “Fue una experiencia magnífica, aunque por el desenlace que tuvo para mí, dolorosa”, contó el empresario recientemente. De ahí en más, “Guatón” se lanzó a los negocios.

En sus entrevistas, Marambio siempre defiende a la isla. “Allí hay de todo, aun los artículos más refinados o de lujo. Lo que falta es dinero para comprar. Por cierto que la gente no tiene acceso a todo lo que necesita. Hay pobreza. Pero me atrevería a decir que sin carencias fundamentales ”, declaró a revista Capital. Casado desde 1995 con la pintora Soledad Correa, hoy Max Marambio es un vividor. Como buen chileno no le gusta hablar de plata pero la aprovecha para darse sus gustos. Tiene un yate bautizado en honor a su mujer, “Oh Sole mía II”, con el que en febrero ganó la primera fecha de la Copa “Viña del Mar-Primex” en el lago Vichuquén. Le gusta el Golf y salir a cazar tórtolas con sus amigos. Es un filántropo miembro de los “Amigos del Museo de Bellas Artes” que aprecia la plástica y tiene una colección importante de obras de artistas latinoamericanos. Y además realiza aportes anónimos a causas justas.

Es un fanático de la aviación. Es dueño de un helicóptero Bell 206 con el que ha sumado varias miles de horas de vuelo. Irónicamente, el modelo del helicóptero es el mismo utilizado por los cuatro miembros del FPMR-A que se fugaron de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996. En ese helicóptero llegó vestido con un traje negro con rayas, al más estilo Al Capone, hasta la Viña Tarapacá para participar en el matrimonio de Enríquez-Doggenweiller. Y no se despegó de su caja de arroz que compartía con los demás invitados. El 007 de Fidel, como le denominan por su relación con Castro, tiene una amplia casa en La Habana, una residencia en Madrid y una quinta en Pirque, donde vive con Soledad, la hija del hombre al que su padre, Joel Marambio, le expropió el campo. Aunque ninguna persona pobre va al trabajo en helicóptero ni tiene velero o casa en el extranjero, cuando le preguntan, Max dice que es “un pobre con plata”.

Con más de 30 empresas en 5 países (Chile, España, Cuba, México y Ecuador) agrupadas en el holding ING (International Network Group) Marambio tiene un patrimonio superior, sólo en Cuba, a 20 millones de dólares. ING, que nació en 1985 tras la salida de Marambio de Cimex, con el propósito de producir películas latinoamericanas/[Ver http://pro.imdb.com/name/nm0544814/ -Laz]), actualmente está enfocada al rubro turístico, inmobiliario, de aviación y agroindustrial. Con todo, Max Marambio es hoy el chileno mejor conectado con Fidel Castro, según explica el ex subsecretario del Interior, Belisario Velasco, quien tiene una larga relación con la isla y un hijo con negocios allá. “Es el comerciante con más llegada en Cuba”, dice. Sin embargo, muchos se preguntan cómo logró acumular tanto dinero. Aunque no es el chileno con más plata sí es el único que la obtuvo en el corazón del socialismo latinoamericano. ¿Cómo lo logró? La historia oficial de cómo Max Marambio se hizo millonario suena casi tan pintoresca como la de Fra Fra y sus pollitos. Una terrina congelada de foie gras llevada por Marambio a Cuba desde París en 1983 y una comida con Fidel entre los invitados le bastaron para que la administración del zoológico de La Habana le prestara 10 gansos para intentar producir el paté francés en la isla. Sólo sobrevivieron dos. Con ellos “pudimos obtener un hígado de 650 gramos y preparar foie gras”, dijo el empresario a Qué Pasa. Como los panes, el negocio se multiplicó y nació La Oca, que exporta más de un millón de gansos anuales en forma de plumas, carne y foie gras. Marambio, ya retirado del negocio, ha dicho que “recibía un 15% de comisión”, con la cual habría sumado los primeros dólares de su fortuna.

Según un documento titulado “Las Reservas del Comandante” ampliamente distribuido en 1997, Marambio sería uno de los encargados de las finanzas personales de Fidel. El empresario se ríe de las acusaciones. “Qué te puedo decir de esas idioteces. Caen por su propio peso”, dijo a Capital.Igual la duda permanece. “A mí me cuesta explicarme cómo gente como Marambio de un día para otro mueva millones de dólares”, se pregunta un pequeño empresario chileno que por sus nexos políticos y económicos con Cuba, pide anonimato. Aún así, la respuesta según él se encuentra en el buen timing de Max en los 70´s. “Marambio tuvo una gran habilidad: el haber estado cuando más se necesitaba. Demostró eficiencia, resolvió problemas y generó negocios para Cuba. Además, su historia lo avala, no era un aparecido”, dice.

Quienes son algunos de los que mueven los "Dineros" de Fidel en el exterior?/ Revelacion de Ex-Mayor de la Inteligencia cubana

Gracias a Baracutey Cubano

Video en 5 partes de la participacion del ex-Mayor de la Inteligencia Cubana Roberto Hernandez del Llano en el programa Polos Opuestos de Maria Elvira.

Hernández del Llano, desertó en marzo del 2007 y estuvo bajo investigación por la CIA y el FBI y otras agencias del gobierno de los EEUU.

Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=MnY-63EdsKM
Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=vUyHb_RiR7I&feature=related
Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=phy8IMz6xPU&feature=related
Parte 4: http://www.youtube.com/watch?v=yWy_7y_cUJo&feature=related
Parte 5: http://www.youtube.com/watch?v=5rBfzrUuAUc&feature=related

jueves, 15 de noviembre de 2007

Cronica desde el Infierno: Como la Corporacion intenta quebrar la integridad humana de los opositores


Jorge Luis Pérez Antúnez, Ex preso político por 17 años y 38 días, Coordinador Nacional del Presidio Político Pedro Luis Boitel


Cuando a principios de abril del 1991, llegué a la entonces prisión provincial “El Pre”, en Santa Clara, conservaba aún huellas visibles de la brutal paliza que semanas antes recibiera junto al opositor Iván Emilio Espinosa Pérez. Estaba muy adolorido, con muchos hematomas y contusiones de las que pensé nunca me recuperaría.

Al “Pre” llegaba en total rebeldía, vistiendo solo “calzoncillos”, posición por la que fui apaleado con saña brutal y enfermiza. Conocía por referencias, la difícil situación que les tocó enfrentar en Cuba a aquellos indomables (plantados), que durante aquellas décadas de barbarie, escribieron tantas páginas de heroísmo y resistencia y, pensaba: “Aunque ahora la coyuntura es otra, son los mismos verdugos y sus objetivos, rendir por tortura la dignidad y los principios.”
Se me ubicó en una inmunda y reducida celda, en total penumbra y una higiene que dejaba mucho que desear. El agua para bañarse escaseaba ex profeso, lo que provocó que pronto me atacara la escabiosis, hongos, lexemas y otras afecciones dermatológicas que me hacían extremadamente la existencia. Pero la verdadera agonía comenzó cuando las neuralgias dentales hicieron su aparición.

Desde los 6 años de edad, no recordaba haber visitado un dentista. Mi higiene y estado bucal fue hasta ese momento satisfactorio, y jamás por mi mente pasó la idea de estar semanas y semanas sin poder cepillarme los dientes o bañarme por falta de agua o solo con esta, al serme retirado todas las pertenencias, incluidas el jabón, cepillo y pasta dental.

Sólo aquel que ha sufrido algún dolor de muelas, es capaz de comprender cuánto padecí durante aquellos terribles días y noches, por espacio de meses. Para llevarte al dentista, “primero tienes que ponerte la ropa de preso” o “nosotros sí te damos atención médica, sólo con la condición de que te pongas la ropa”, eran algunas de las respuestas que recibía de los gendarmes, antes mis reclamos.

El puesto médico se encontraba entre unos 50 ó 60 metros de la celda, y allí, la consulta estomatológica (todo dentro del interior penal). Mientras tanto, ideaba y ponía en práctica, disímiles formas para mitigar el dolor. No pedía la más mínima clemencia, solo ser atendido, amparado en el derecho que como ser humano me asistía.

Esta respuesta y reacción de mi parte, los irritaba sobre manera por lo que redoblaban su tortura. Muchas veces sin que nadie lo escuchara, le daba con la cabeza a la pared e incluso al enrejado de la puerta, con el propósito de ocasionarme un dolor mayor que el dental, y de es manera, descansar del más molesto y torturante estado. Otras veces me ponía a cantar o conversaba conmigo mismo, parecía que iba a enloquecer, “pero no me quedaba otra alternativa que resistir, preferir morir o volverme loco antes que rendirme a los verdugos”.

En oportunidades, fundamentalmente o horas diurnas, cuando el dolor desaparecía, meditaba sobre la capacidad de resistencia humana y me preguntaba: ¿por qué la ciencia no habrá inventado un remedio, algo así como una vacuna que inmunizara contra el dolor? Eran tontas y vagas divagaciones de un doliente que solo Dios sabía porqué no enloquecía.

Por otro lado, de nada valían mis reclamos. Acudir a la huelga de hambre era alimentar el martirio. Ponerme a gritar hasta que me atendieran o me mataran a palos, sería mostrarles desespero. Aquella posición de plantado la tomé por decisión propia y preví con tiempo de antelación “lo que me esperaba”. No podía doblar la cerviz al adversario, siempre quiero poderlo mirar al frente y a los ojos sin que nadie pueda hacerme bajar la vista (pensaba para mis adentros).

Los terribles dolores de muela me habían hecho olvidar de que también –y bajo la terrible humillante condición – se me negaba el derecho a tomar sol. Hubo momentos en que estuve a punto de extraerme la muela “cordal” con algún gancho o alambre, e incluso, con la misma cuchara que me daban y retiraban después de los horarios del almuerzo y comida.
En más de una ocasión, con el alambre y el gancho listo para la operación, desistía. Me faltaba el valor para hacerlo, porque seguramente me dominaba el temor inconsciente de sucumbir allí aislado, desangrado (por hemorragia), hecho que tratarían de hacer pasar luego por una auto-agresión o suicidio.

- Vamos, Antúnez, venimos a buscarte. Al fin te sacas la muela y ya sales de eso.Apenas salía al pasillo, me tiraban a los pies un short y una camisa de preso. - Bajo esa condición, no voy.
Escenas así. Verdaderas torturas psicológicas se suscitaban con infrahumana sistematicidad. A todo este calvario se sumaban las diarias y abundantes filtraciones que desde el techo de la celda caían, las que mojaban el suelo, así como los libros y las pertenencias –las pocas veces que me las permitían – durante aquella cruel odisea en la que “siempre dormí mojado”.

Ahora, al cabo de los años, no puedo dejar de pensar cuánto habrán contribuido todas aquellas torturas y tantas otras, a mi actual deterioro de salud. Sobre todo, a lo que refiere a las afecciones respiratorias.

Cuando por fin cedieron y no les quedó otra opción que atenderme, ya estaba como hipnotizado. Era como que el dolor formara parte de mi ser.

Al puesto médico de la prisión llegué una mañana de los últimos meses del año. Llegaba con mi uniforme de plantado: calzoncillo y camiseta, ambos de color blanco; estaban roídos, ajados y visiblemente percudidos, pero para mí, representaban la pureza y la convicción de la decisión tomada y me sentía entonces, a pesar de la exagerada delgadez, demacrado del rostro y mi andar lento, el hombre mejor vestido del mundo. Allá me esperaban. Ya estaba ganada una parte muy importante de la batalla, pero luego dudé en que aquellos “verdugos de bata blanca”, fueran verdaderamente a realizarme la extracción.

Al verme sentado en el sillón dental me dije para sí: “Si este se arrepiente o me dice que se acabó la anestesia o que la muela no puede sacarla por alguna razón, de seguro que agarro uno de esos alicates y me la saco yo mismo. –De todos modos, seguí meditando – si sufro hemorragia estoy dentro de la consulta, y a ellos no les quedará más remedio que hacer algo.”
El anestésico no funcionó debidamente (pues sentía mucho dolor cuando salía la pieza). Nada dije, porque era insignificante en comparación con la tortura de la que me libraba. Al regresar a la celda me sentí como un niño que recibe un regalo.

Esa tarde y noche y a la mañana siguiente, pude dormir como hacía mucho no lo hacía. A veces, me despertaba con la sensación del dolor pero me daba cuenta que era parte de un dolor cimentado en lo más recóndito del inconsciente, y volvía a conciliar el sueño con placer pueril.
Era tanto el alivio, que apenas sentía a mis diarios visitantes: las plagas de mosquitos, cucarachas, ratones y otros roedores e insectos ya acostumbrados a la convivencia conmigo. Tampoco parecía molestarme las incesantes gotas de agua que caían del techo, así como la humedad del suelo y paredes.

Mi alivio había llegado al sorprendente extremo que tampoco recordaba, ni me importaba, que desde llegué a esa prisión y por ordenes de la dirección penal, se había orientado contra mi persona una drástica reducción del alimento. El hambre severa y constante había pasado a ser una tortura de segundo orden e insignificante en comparación con las terribles neuralgias.
Igual sucedía con la penumbra que me impedía leer o escribir, fuera de noche o de día. Igual sucedía con la sed y la necesidad de bañarme. Era como de la maldita y recurrente “teoría del mal menor” se hubiera apoderado de mí. ¡Seguía incomunicado de todo y de todos!
Pero a partir de esos momentos, se me aplicaría otra presión de índole psicológica basada en el sentimiento familiar, y fue mi enferma madre. En esa oportunidad, la carnada utilizada como es de suponer, en posición de rebeldía total o plantado, no me permitían visitas familiares ni de otro tipo.

Cada jueves, mi madre llegaba hasta la prisión con el objetivo de saber de mi situación y enviarme una carta o nota con el jefe de destacamento “estrecho colaborador de la Seguridad del Estado”. Fidel el Chino, quien le decía a ella, que si yo me ponía la ropa me daban visita en el acto. Sus cartas estaban cargadas de inocentes ruegos y súplicas. Su contenido era conmovedor.
“¡Hijo mío!, por favor, ponte la ropa que necesito verte. Me voy a morir con los deseos de verte, estoy enferma. Si tú me quieres de verdad, por favor, te pones la ropa y después de que nos veamos te la vuelves a quitar si quieres.” Esos, y tantos otros ruegos eran los que me enviaban cada jueves. ¡Un jueves! también había sido me arresto.

- ¡Antúnez!, me dice un jueves el tal Fidel, antes de entregarme la carta. ¡Qué pena me dio con tu mamá! - ¡Sí! ¿Y eso porqué?, le respondí lacónico. - Porque se quedó llorando ahí afuera, y me pidió que si podía retratarte para al menos verte por foto. - ¡Ah sí! le dije disimulando el dolor, pero con firmeza y sobre todo convencido de cuánto manipulaban los sentimientos de mi madre. ¿Y por qué entonces no me llevas a verla?- ¿Y tú quieres ir?- ¡Claro que quiero! Ella es mi madre ¿no?- Bueno, entonces ve preparándote que ahorita vengo a buscarte. - Bueno, me quedé pensando; sea verdad o mentira, me iré preparando.

Para bañarme solo contaba con dos pomos con 1500ml cada uno, lo suficiente en comparación con otros días que tenía menos o ¡ninguno! 3000ml para bañarme y cepillarme los dientes. Primero lleno mi vasito de agua, de manera que luego del “baño” tuviera algo de higiene bucal.
Cuando concluí con las tareas higiénicas sanitarias, y me puse el uniforme (calzoncillo y camiseta), notaba que solo había revuelto la churre, y que además llevaba impregnado en la piel el típico olor a calabozo. Transpiraba los olores de orín y heces fecales provenientes de un servicio (turco) que a penas se higienizaba.

Al rato, siento un ruido de llaves y me incorporo de la cama. Era un oficial joven que junto a la puerta de la celda me dice: - ¡Vamos! que el Chino te está esperando en la oficina del Solero para llevarte a la visita. ¡En efecto!, al llegar al lugar estaba Fidel el Chino junto a otros tres oficiales quienes se mostraban más risueños y cínicos que de costumbre. - Antúnez, me dice. ¡Al fin! Vas a poder ver a tu mamá, la pobre debe estar loca por verte; ya la pasé al salón de visita. Allí debe estar esperándote. No le respondí. Preferí mantenerme a la defensiva. - Bueno Antúnez, me dijo otro oficial, acercándose e intentando poner su mano en mi hombro. Pero, pasa primero por aquí, agregó señalando la oficina, donde en una mesa podía distinguirse un bulto envuelto en Nylon-Dale, para que te vistas correctamente, porque en esa facha y tan flaco, no querrás entrar a un salón de visita y que te vea tu mamá.

-¿Cómo que me vista? dije, comprendiendo al instante el montaje.- Espera Antúnez, señaló el Chino, acercándose. No es lo que tú piensas. Ahí te traemos un short de civil, solo tienes la camisa de preso. - Espera Antúnez, me dijo otro oficial que denotaba en su rostro frustración. “Oye compadre”, por ponerte esa camisa no vas a dejar de ser quien eres.- Dije, que no hemos hablado nada. -Antunez, ¡hazlo! por tu mamá, y si quieres en el salón te quedas en camiseta. “Oye compadre”, si lo que vas a caminar con esa camisa son unos metros.

Al regresar a la celda me autoincriminé con fuerza. ¿Cómo puede ser tan ingenuo para no percatarme de esa jugarreta? En lo adelante me negué rotundamente a recibir aquellas cartas y notas de mi madre y le hice saber por terceras personas, que por favor no fuera más por allá.
Que no se dejara manipular de aquella forma, porque así nos hacíamos daño ambos; y dándole ánimos, le aclaré que cuando yo fuera a desistir del plante, a ella sería la primera persona que se lo haría saber, enfatizándole que se lo haría saber personalmente o escrito de mi puño y letra.
Ella la pobre, con su muy escasa instrucción e información y sobre todo, sin suficiente cultura política, no podía comprender el porqué de aquella postura asumida por mí. Esa situación me dolía y martirizaba en extremo, pero no podía ceder ante fuerzas, imposiciones ni chantajes y por otra parte –algún día, meditaba– ella comprenderá el porqué de mi paso, la justeza de mis ideas y la razón de tanto sacrificio. En mi fuero interno, conjeturaba para fortalecerme, ánimos. ¿Quién o quiénes eran los culpables del sufrimiento y dolor de mi madre?

¿Yo? De ninguna manera. En primer lugar, mi prisión es injusta y en segundo lugar, no soy el que me niego a verla. Son ellos los que pretenden ponerme condicionamientos humillantes e inaceptables. ¿Hubiera sido inteligente y digno haberme puesto aquella camisa? ¡No! ¡Soy un preso político y un soldado de la libertad y los derechos humanos! Como yo nací un diez de octubre, y por mis venas siento correr la sangre de aquellos negros que secundaron a Céspedes en el Ingenio la Demajagua. Además, ella es mi madre y la adoro como a nadie en este mundo, pero ella no es la única que ha sufrido y sufre. ¡¿Cuántas otras madres también se han consumido en más de 30 años de tiranía?!

Luchaba conmigo mismo. Eran mecanismo de compensación psicológica, tan necesarios cuando se está aislado, incomunicado de todo. Cuando no está el aliento del amigo cercano o lejano, la carta de un ser querido. Bloqueados los accesos a la comunicación y a la noticia; en fin, estaba desprovisto de muchas cosas que necesita el ser humano para vivir. Solo contaba con Dios, con la fe en mis propias convicciones ideológicas y morales. No todo, pero me eran básicas para resistir y dignificar aquel calvario. Lo que traté de hacer mientras duró. “¡Quién sufre por Dios y por su patria! había dicho Martí, en este u otros mundos tendrá ¡verdadera gloria!” ¡Tal cúmulo! de reflexiones mitigaron sobre manera el sufrimiento.

Por aquellos días había escrito en la pared un Graffity que rezaba: “Lo que no me mata, me fortalece”, célebre frase del famoso filósofo alemán Friedrik Nietzsche. Letrero que primero, intentaron que borrara a fuerzas de palos y patadas. Al no lograrlo y casi inconsciente de tantos golpes, colgaron mi cuerpo y con él, rasparon el letrero.

En varias oportunidades tuve que pasar las noches y madrugada soportando el sereno, incluso, el crudo invierno esposado al cercado del solero, por negarme a ponerme de pie al pase del recuento diario, o ante la presencia de algún oficial “provocador”, quienes a cada rato llegaban a importunarme.
Durante dantescos y largo meses que estuve plantado, fui brutalmente golpeado por un interminable número de gendarmes, entre los que destacaron por su saña: Denis Barrios, Pozo, los hermanos Jiménez, Machado, Orelvys y Sosa, quien en una oportunidad estuvo a punto de asesinarme.
Si mi cabeza llega a impactar contra el muro, al que me lanzó en represalia por protestar por llevar no se cuántas semanas sin bañarme y casi tres días sin beber agua, como resultado de una respuesta a falta de ésta; además pedía ser atendido, porque producto del dormir sobre mojado, presentaba fiebres nocturnas.

A finales del mes de marzo de 1992, llega a mis manos una sorpresa. Mis hermanos en “Las alambradas de Manacas” habían logrado romper el cerco, logrando que una nota llegara a mi celda. Ellos, muy preocupados por mi situación, me hacían saber que todos los presos de la provincia los habían ubicado en aquella prisión, en un área separada de los presos comunes.
Se referían a otro cubículo (9), donde hasta hacía poco, tenían destinado para los casos de medida de seguridad. También me instaban que era importante salvar mi vida y salud de aquel calvario. En la citada nota, me recordaban que meditara en el hecho de mi fundamental demanda: un área para presos políticos ya era una realidad, aún cuando no fuera tal vez mi acción, la que motivó a las autoridades a concederlo.

Aunque comprendí todo lo que mis hermanos me decían, les hice saber verbalmente con la misma persona que entregó su nota que si llegaría a Manaca, lo haría como mismo había salido de allí; en calzoncillos y descalzo. Aunque también me decían que por la ropa no me preocupara, que ellos en su mayoría vestían ropa civil.

En efecto, en esas condiciones y circunstancias y en posición de plantado que no abandoné hasta mi excarcelación, llegué el 13 de abril de 1992 a la tristemente célebre prisión “Alambradas de Manaca”, donde me reencontré con muchos hermanos y conocí a otros.
Éramos en total 21 y formábamos una sólida y gran familia dentro del cubículo 9. Pero aquella grata convivencia fue efímera y hasta el mes de septiembre, que fue cuando los órganos de represión política de la provincia nos disolvieron a todos dentro de la población penal común. Vendrán nuevas y difíciles batallas…

Desde Placetas,
Jorge Luis García Pérez Antunez, Ex preso político por 17 años y 38 días
Coordinador Nacional del Presidio Político Pedro Luis Boitel.
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Nota de Misceláneas de Cuba: La crónica anterior fue enviada a nuestra redacción por el emblemático luchador pro democracia Jorge Luis García Pérez Antúnez, a través de nuestra corresponsal en Cuba, Lamasiel Gutiérrez. Además de saludos a la Asociación Misceláneas de Cuba, el compatriota le ha hecho llegar uno especial a Julio González Mendinueta, miembro de nuestra Asociación y amigo suyo de la infancia/adolescencia. Por la trascripción del trabajo ha respondido un activista pro derechos humanos. A cargo de esta nota: Alexis Gainza Solenzal.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La Aduana: control y corrupcion en la frontera de La Corporacion

Yodel Perez Pulido nos trae hoy un articulo sobre la Aduana cubana en Cuba Encuentro http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/empresa-de-infinitos-lucros/(gnews)/1194843600. El referido articulo y los comentarios de los lectores, muestran solo el lado visible del trabajo de la aduana en los aeropuertos cubanos. Pero la Aduana General de la Republica de Cuba http://www.aduana.islagrande.cu/, en tanto organo del Ministerio del Interior, tiene como principal funcion "...regular el control aduanero aplicable a la entrada, el tránsito, el cabotaje, el transbordo, el depósito y la salida del territorio nacional de mercancías, viajeros y sus equipajes, bienes y valores sujetos a regulaciones especiales, incluidas la flora y la fauna protegidas, y los medios en que se transporten." [1]

La Aduana, y no solo la que ven los viajeros en el aeropuerto Jose Marti, "... forma parte del sistema de control estatal y actúa en función de ello,..." [negritas-Laz] [2], a lo que habria solo que añadir que actua en funcion del control estatal castrista.

Ver Ley de Aduanas de Cuba: http://www.aduana.islagrande.cu/dl162.htm

[1] Articulo 1 del Decreto Ley No. 162, mas conocido como Ley de Aduanas.
[2] Articulo 13

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Fotos comprometedoras?!: Como trabaja la Inteligencia de la Corporacion

Una muestra de como trabaja la Inteligencia de la Corporacion. No importa la interpretacion que se le de. No importa si Elizardo es un agente real o es un montaje de la Corporacion. Lo importante es la manipulacion.

Tomado de Secretos de Cuba

CUBA: UNA OPINION INDEPENDIENTE: Video de la recepcion cubana a Moratinos [fragmento]

Video de la recepcion cubana a Moratinos [fragmento]

45 Aniversario de la CIM

Escrito sin permiso. Reportaje desde el calabozo


Cadal nos permite acceder a la version en pdf del libro de Manuel Vazquez Portal, "Escrito sin permiso. Reportaje desde el calabozo". Nada hay que añadir, solo leer y sufrir, por lo que hombres como Vazquez Portal y muchos otros han hecho y estan haciendo por la Nacion Cubana.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La esposa del Dr. Biscet muestra una replica del calabozo

Dr. Oscar Elias Biscet

La Corporacion ejerce el terror publico: Las Damas de Blanco

La Corporacion ejerciendo el terror publico: Conmeracion del aniversario 11no del hundimiento del remolcador 13 de Marzo

Los instrumentos de terror de la Corporacion

La Corporacion y sus simbolos

E. Germans drew blueprint for Cuban spying

Vinculos del G2 con la Stassi alemana

Gracias a Baracutey Cubano

Fuentes de financiamiento de la Corporacion: Filial cubana de Caja Madrid preve duplicar beneficios

Los indoblegables

Por Carlos Alberto Montaner
CUBA: UNA OPINION INDEPENDIENTE: Los indoblegables

Como la Corporacion ejerce el terror: Los indoblegables

sábado, 3 de noviembre de 2007

miércoles, 24 de octubre de 2007

lunes, 22 de octubre de 2007

La Corporacion en el debate internacional de la izquierda

Los analistas del Think Tank en su habitual reflexion de los lunes, publican un trabajo titulado "El debate desde adentro: Criterios y silencios", que luego de una breve acotacion, reproduce un articulo y una entrevista del Sr. Pedro Campos publicados por el mismo en Kaos en la red http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=43099. Añadir a la introduccion del Think Tank, que el Sr. Campos esta demasiado prematuramente retirado; que para los que conocemos como se realizan en Cuba las investigaciones que el Sr. Campos realiza resulta "incomprensible" sus fuentes y recursos de investigacion; que el Sr. Campos disfruta de una "licencia intelectual" no acorde con su perfil de licenciado en Historia jubilado, que evidentemente no retirado; que el jubilado Campos disfruta de otra "licencia de internauta y publicista online" tampoco acorde con su perfil y que esta vedada para el 98% sino mas de la poblacion cubana.

Cuba Nostra

Cuanto dinero tiene la nomenklatura?

sábado, 20 de octubre de 2007

El Fidel Castro que yo conozco / Garcia Marquez

Briand Latell, After Fidel

Castro, el infiel

Tomado de http://www.cartadecuba.com/castro_el_infiel.htm

Plutarco, en la introducción a la vida de Alejandro, establece una diferencia entre biografía y narración de vida. Admite que en sus Vidas paralelas en lugar de Historias optó por escribir Vidas, pues "no es en las acciones ilustres que se da a la luz la virtud o el vicio; un acto pequeño, una palabra, una bagatela, expresan mejor un carácter que los combates mortales, los enfrentamientos importantes o el sitio de ciudades". No es de extrañar que Serge Raffy se haya inspirado en la máxima del ilustre clásico, en su recién publicada biografía de Fidel Castro. Castro l'infidèle (Editorial Fayard, 2003) reconstruye el proceso de cómo se forja un autócrata. El autor se adentra en las facetas primigenias, en los orígenes que determinaron la infancia del hombre que rige los destinos de Cuba, y en gran medida, los de América latina desde hace más de cuatro decenios.
El autor no se apoya en las grandes gestas de la historiografía oficial, sino en la intimidad de los hechos, en el contexto que rodea las pequeñas facetas de una vida que según las circunstancias y el imaginario de quien las vive, oscilan luego entre miseria y grandeza. Comprender la personalidad transgresora de Fidel Castro, exige remontarse al origen de su nacimiento. Circunstancias en las que germinará el resentimiento que le llega de la mano de la humillación por las heridas que un niño sufre, cuando aún no alcanza a comprender los determinismos sociales. De allí se origina el aliciente que lo ha guiado en su propósito de resarcimiento de su origen bastardo. Desde entonces, toda su vida se ha orientado hacia una búsqueda sin tregua de compensación; proceso que propició en él una verdadera vocación: llegará a ser el escultor de su propia estatua: y el poder absoluto, la materia sobre la cual modelará las formas de su obra. Domador de su propia voluntad, la dirigirá exclusivamente a la realización de la idea única que lo habitó desde siempre: su realización personal en el horizonte del poder. La suerte del mundo lo tiene sin cuidado, los seres humanos son figurantes, necesarios como público, como carne de cañón, como palmas para al aplauso. El goce del poder por el poder: el poder únicamente para él, sin visión alguna de futuro, ni de la perennidad a través de otro. Todo comenzó con él y terminará con él: nadie le sucederá. Ese ha sido su único proyecto. Un caso único de modalidad de narcisismo.
Los autócratas siempre han legitimado su acción apoyándose en un proyecto, bien sea de conquista o de imposición de un credo. Si vamos a los casos más recientes: sin las instituciones fundadas por Napoleón, Francia no sería hoy lo que es, ni tampoco Europa; el proyecto de Hitler era el de imponer el poderío de la raza aria exterminando pertenencias étnicas; el de Stalin, forjar un imperio comunista para vencer el capitalismo; Franco, pese a haberle fallado en el modelo ideológico que se propuso para perennizarlo, fue gracias a su iniciativa de organizar su sucesión que se abrió la vía a la España de hoy; hasta Bin Laden, con su terrorismo, aboga por imponer un Califato Universal. La última justificación que les queda a los aún admiradores del caudillo caribeño, como proyecto que justifique la dictadura cubana, es el manido derecho a la salud y a la educación, que son logros vigentes en todos los países democráticos, alcanzados mediante la aplicación de normas administrativas, sin necesidad de recurrir a gestas heroicas ni a la "justicia revolucionaria". Y en cuanto a política internacional, la suya ha consistido en mantener un estado de guerra latente, sin que nunca se haya llegado a un desenlace que merezca el esfuerzo. De Fidel Castro quedará una manera de imponerse y la tan peculiar de ejercer el poder, pues si algún proyecto político tuvo, fue rebasado por su voluntarismo cegador, que vuelve incoherente todo lo que emprende. En lugar de competencia, lo suyo es el ejercicio de un poder de seducción inigualable, que ha despertado la fascinación del mundo.
En el empleo de la astucia en lugar de la inteligencia, ha radicado la clave de su éxito: elemento bastante pobre como para asegurarle la perennidad en la memoria de los siglos. Si hubiese optado por el teatro, tal vez se hubiese convertido en un verdadero monstruo sagrado. Desafortunadamente escogió por escenario el mundo, y a los cubanos, como súbditos de la sed desmedida de imponer su voluntad. Narrar la historia de una seducción requiere herramientas históricas que se confunden con la psicología y la ficción. Fue hurgando en lo que suele desechar la historia, que Serge Raffy encontró hechos claves que ayudan a explicar el fenómeno de una personalidad orientada hacia un propósito desmedido de legitimidad, dotándose de una capacidad excepcional para la creación de imágenes. En ese sentido, debemos reconocer que Castro inauguró la era del vasallaje de la política ante la imagen. Pero su fuerza radica en su capacidad de perform: él es carnal; nunca llegará a convertirse en mito. Cuando ya su presencia se haya esfumado, su imagen será simplemente eso: imagen, fotografías sin vida, de alguien que alguna vez vivió. Sueños de grandeza ¿Qué sueños de grandeza remotos arrastraba consigo, inscritos en una suerte de memoria anterior, aquel niño que para alcanzar la certidumbre de sí mismo necesitó realizarse, no como ser humano, sino como ser único, excepcional, convirtiendo su ansia de poder en su sustancia vital?
Todo comenzó en un ambiente similar al de la célebre novela radiofónica de Felix B. Caignet, El derecho de nacer. El nacimiento en un bohío de un niño bastardo, hijo de una de las criadas, engendrado por el patrón, no es nada excepcional en América latina; pero el niño vino predestinado y dotado del poder de doblegar voluntades, que puso al servicio de vengarse de las élites que lo excluían. Ángel Castro, español, gallego, quien según la costumbre, mediante pago reemplazó a un señorito y así hizo su servicio militar en la Isla durante la guerra de independencia, regresa a España llevando a cuestas la derrota del imperio español vencido por el norteamericano, que ya despuntaba como tal. Luego regresa a la Isla para hacer fortuna. Su ambición de salir de la pobreza lo lleva a ejercer toda clase de oficios. Gracias a un colón canario, Fidel Pino Santos, logra alquilarle parcelas a la United Fruit. Va adquiriendo tierras hasta llegar a convertirse en terrateniente y comienzan a llamarlo don Ángel. Se convierte en un patrón implacable y violento. Su amigo y cómplice, Fidel Pino Santos, le sugiere que ya es tiempo de que aprenda a leer y a escribir, y le presenta a la maestra María Luisa Argota, quien se encarga de l a tarea. Como en las novelas, el analfabeto se casa con la maestra de la escuela americana a la que asistían los hijos de la alta sociedad de Banes; la pareja se instala en la propiedad que tiene Ángel Castro en Birán (No es difícil imaginar de dónde proviene la obsesión de alfabetizar de Fidel Castro). Dos hijos nacen de esa unión. Un día llega una mulata con una hija de la misma edad que su hija Lidia, Lina Ruz, de 14 años, y la emplea como criada. Al primer embarazo de Lina, la maestra cierra los ojos. Nace una niña, Ángela, que es llevada al bohío que ocupa la madre de Lina. Nace un segundo hijo, Ramón, que también va a acompañar a su hermana al bohío. El asunto debe permanecer en secreto, pero María Argota no acepta más la situación: abandona la casa de Birán perdida en las montañas y se instala en Santiago de Cuba con sus dos hijos. Lina se impone como la nueva patrona y da a luz a un tercer hijo, al que don Ángel da el nombre de su mejor amigo y cómplice: Fidel. María Argota exige una separación legal. La posición jurídica de don Ángel es difícil: adúltero, y además mantiene una familia clandestina. Corre el riesgo de perder gran parte de su patrimonio. Simula la ruina y le traspasa legalmente sus bienes a su amigo Fidel Pino Santos. Oficialmente arruinado es jurídicamente intocable. Pero la situación de los hijos ilegítimos sigue en suspenso. Lina, para sacarlos del ambiente hostil que los rodea, y para hacerlos olvidar como prueba de delito -pues la esposa legítima exige la mitad de las tierras- decide enviar a sus hijos a casa de un amigo en Santiago. El pequeño Fidel apenas tiene 4 años. Luis Hipólito Alcides Hibbert, cónsul de Haití, suerte de negrero proveedor de mano de obra haitiana para los hacendados de la región, y su esposa, Emerciana Feliú, toman los niños a su cargo. Fidel Pino Santos, por agradecimiento, porque don Ángel financió su campaña electoral para diputado, remunera a Luis Hipólito por el cuidado de los niños. El pequeño vive entonces la experiencia de la humillación en el colegio La Salle, donde está interno, y tiene que soportar el mote de "judío" por no estar bautizado. En aquel medio de niños burgueses, su bastardía y el analfabetismo de su madre constituyen una lastra.
Cuando cumple 8 años, Fidel Pino Santos convence a un sacerdote que le debe favores para que bautice al niño. Los tutores haitianos son los padrinos. En el acta de bautismo el chico aparece bajo el nombre de Fidel Hipólito, hijo de Lina Ruz: el nombre de Ángel Castro no aparece mencionado, pero no importa, lo que cuenta es poder volver al internado y seguir estudiando. No será sino hasta 1940 que Ángel Castro y Lina Ruz podrán regularizar su unión. Fidel Ruz ya podrá llamarse Fidel Castro. Ángel Castro lo reconoce como hijo suyo el 11 de diciembre de 1943 y "se le puso por nombre Fidel Alejandro", reza el documento. Que no quepa la menor duda que a los 17 años, el adolescente, apasionado de lectura, sabía perfectamente quien era Alejandro Magno, y que la decisión de descartar el Hipólito del padrino haitiano y tomar el del guerrero macedonio, fue suya. Ahora ya puede acceder a Belén, el prestigioso colegio jesuita de La Habana, en donde comienza la irresistible ascensión del joven rural, quien ya revela sus ansias desmedidas de éxito. Allí coincide con un conocido de Banes, el joven Rafael Díaz-Balart, de quien se hace amigo y con cuya hermana se casa, llegando así a formar parte de la familia. Rafael Díaz-Balart es aliado político de Batista y tras el golpe de Estado, llega a formar parte de su gobierno. De Banes son los personajes que van a decidir la historia de Cuba en la segunda mitad del siglo XX. De Banes es oriundo Fulgencio Batista, que como Ángel Castro, de familia muy pobre, le debe todo a la United Fruit. De Banes también son los Díaz-Balart, familia a la cual accede por alianza Fidel Castro, tras el matrimonio con Mirta Díaz-Balart, hermana de Rafael. Y hoy, desde el Senado de Estados Unidos, un Díaz-Balart es uno de los opositores más sistemáticos de Fidel Castro.
Las modalidades de la irrupción del joven Fidel Castro en el panorama político de la Isla, eran las que reinaban en la época: violencia, y gangsterismo político. Un hecho excepcional que determinará el futuro político de Fidel Castro, según Serge Raffy, es el encuentro con Fabio Grobart. Según el biógrafo, la colaboración de Fidel Castro con el horizonte soviético dataría de esa época. Corre el año 1948. Fabio Grobart, judío polaco, cuyo nombre verdadero es Abraham Semjovitch, como jefe de la "red del Caribe" suplente del Komintern, ha recibido la orden de Moscú para reclutar "hombres nuestros", agitadores antiimperialistas, cuya particularidad es que no militen en los partidos comunistas; antes por el contrario, deben aparecer como visceralmente anticomunistas. El KGB precisa de hombres de acción y no de militantes.
Fidel Castro corresponde al perfil requerido: "de reputación 'gangsteril', sus métodos brutales, su activismo impetuoso, su aventurerismo", hacen de él el candidato perfecto. El encuentro se da por intermedio de Flavio Bravo al regreso de Fidel Castro de Bogotá, a donde había ido para participar en un encuentro latinoamericano de estudiantes auspiciado por Perón. Al mismo tiempo se realizaba la Novena Conferencia Panamericana de Cancilleres que debía inaugurarse el 9 de abril, de no haberlo impedido el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, líder del partido liberal, provocando la revuelta y el incendio de Bogotá. Sin embargo, existen testimonios que afirman que cuando Fidel Castro viajó a Bogotá, en compañía de Rafael del Pino Siero (ex miembro del ejército norteamericano, muy cercano a Castro, con quien rompió en México en vísperas del desembarco del Granma. Detenido en 1959, condenado a 30 años de cárcel, al cabo de 17 apareció ahorcado en su celda), iba con una misión de la CIA para la que colaboraban ambos. La misión asignada era la infiltración de los movimientos estudiantiles latinoamericanos. Tal vez, el que fuera colaborador de la CIA lo dotaba ante Grobart de una cualidad mayor. Esa condición de "agente doble" era para el joven Castro terreno conocido. No nos referimos a la práctica de la denegación, traición o virajes, propios del juego político, sino a una verdadera estructura psicológica derivada de los avatares del origen de su biografía: la propensión a ser simultáneamente dos personas; a jugar en dos campos al mismo tiempo. Opuestos a la idea del personaje íntegro e impetuoso que representa, ciertos hechos nos hacen entrever su personalidad doble. El doble le fue dado como un sustrato de identidad desde su nacimiento: doble hogar, doble nombre, doble identidad, doble pertenencia familiar.
Esa estructura de lo doble aparece en todas las acciones que él emprende, ocasionando crisis, pues es una conducta que aplica el "doble bind", que como se sabe, es el origen de muchas perturbaciones psíquicas. La inclinación a crear situaciones dobles es una constante en él. Su capacidad de infidelidad en las relaciones políticas, el hecho de que desde 1959 el gobierno real lo detentó primero un gobierno secreto, y luego en el aparato de gobierno tienen preeminencia absoluta los servicios de inteligencia y de control policial. También fue bajo el signo del doble que organizaba los grupos revolucionarios que debían provocar el estallido de la revolución en América Latina. De hecho, el castrismo pone término al tradicional militante bolchevique, íntegro, austero, discreto, consciente de su heroicidad anónima. El castrismo dio cabida a un combatiente mitad agente secreto, mitad cowboy --doble agente-- de heroicidad escandalosa. En cuanto a la cooperación que practica con los gobiernos, en particular los latinoamericanos, la modalidad es la captación de agentes dentro de aparatos e instituciones del Estado, y a su vez, infiltración de agentes cubanos bajo fachada de médicos, técnicos deportivos...; y cuando la relación se vuelve complicidad, integrará directamente agentes del aparato de seguridad cubanos al aparato del Estado receptor, como sucedió en Chile y sucede hoy en Venezuela. Su capacidad de cambiar de registro, la maleabilidad de su personalidad, impide que ningún tipo de negociación concluya con él en algo tangible, pues nunca se estará tratando con el verdadero, sino con el otro. Y él mismo no se sentirá concernido, pues siempre será el otro quien actúe, de allí que la trasgresión sea el ambiente que mejor le acomode. La ley será siempre la de su voluntad.
Cierre de un período Resulta imposible bosquejar lo íntegro de una obra de tanta sutileza y detalles, pero conviene señalar, entre otras cualidades, el significado que tiene dar a conocer una versión despojada del aura mítica que siempre ha rodeado a la figura del caudillo caribeño dentro del panorama político francés. No fue sino hasta abril, cuando el personal de seguridad de la embajada cubana, dirigido por el propio embajador, arremetió con barras de hierro contra la pequeña manifestación organizada por Reporteros Sin Fronteras para protestar contra la ola represiva que se abatió contra p eriodistas independientes y disidentes, que la opinión pública francesa comenzó a abrir los ojos ante la anomalía que representa hoy el régimen de la Isla. Si en Francia actuaban así, ¿cómo será entonces en Cuba?, comenzaron a preguntarse en Francia.
Castro l'infidèle cierra un período. Es el divorcio consumado de las élites políticas francesas --de izquierda y de derecha-- con el mito castrista. El idilio de más de cuarenta años de los franceses con el castrismo: uno de los más persistentes del panorama europeo. Pese a las crisis surgidas a lo largo de más de cuatro decenios, entre las cuales el Caso Padilla significó la primera gran decepción, la fidelidad al mito persistía, salvo contadas excepciones. Muchos soportaban infracciones flagrantes a principios inviolables en Europa, so pretexto de que el régimen cubano le había otorgado la "dignidad" a su pueblo: de ello se infería que el resto de los pueblos de América Latina vivían en estado de indignidad.
Siempre alerta a los cambios y a las especificidades locales, el gobierno de La Habana le otorgó un mínimo espacio al espíritu crítico de sus incondicionales franceses a condición de que lo expresaran a sotto voce, en la intimidad de la embajada. Ello tenía la ventaja de afianzar más la complicidad: el criticado consolaba al mismo tiempo al crítico por lo irrealizable de la revolución ideal. Así se mantenía una situación de afecto-dependencia.
Uno que otro se ha atrevido a emitir, públicamente, alguna crítica de orden económico; pero las mismas que se admiten en la propia isla. A lo que no se arriesgaban era a tocar el ámbito de los derechos humanos. Ese rubro quedaba cubierto con las campañas contra las dictaduras de Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala... Jamás nadie cuestionó el intervencionismo militar cubano, ni los métodos empleados por la policía, ni las parodias de juicio. Y a los aquí militantes contra la pena de muerte, no les molestaba que en Cuba se aplicara como método de gobierno. En cuanto a los balseros, no había de qué ofuscarse, ¿acaso no los había también que huían de Haití, Santo Domingo y Puerto Rico? Tampoco son islas muy felices que se diga. Todos los argumentos son válidos para justificar lo injustificable: hasta llegar a pretender que todas las islas del Caribe se valen o son intercambiables. De Cuba y de su historia se ignora hasta lo más elemental: la versión oficial será acatada como dogma absoluto. Cualquier texto que pretendiera dar una imagen más acorde con el contexto real del régimen cubano, se enfrentaba a los guardianes del mito, que detentaban el monopolio del tema en las gacetas más prestigiosas y leídas del país. Castro l'infidèle marca un antes y un después. Ya nadie puede escudarse en la ignorancia o pretender ingenuamente, todavía hoy, que "la isla de nuestros sueños de juventud se volvió la isla de las pesadillas", como si esas pesadillas fuesen recientes.
Pero sería injusto adjudicar sólo a los franceses el monopolio de la ceguera en cuanto a Cuba. América Latina no se queda atrás en la materia y ello reviste una gravedad mayor, pues son víctimas de la criminalización de los derechos humanos, y valoran negativa o positivamente los crímenes, según la simpatía o antipatía que se le profese a quienes los ordenan, como lo demostró Rigoberta Menchú al acudir a La Habana para expresar su solidaridad al dictador cubano. Cuesta admitir la indiferencia de una persona tan profundamente identificada con la cuestión étnica, ante los fusilamientos de tres jóvenes negros por el simple hecho de haber intentado huir de la Isla. Cuesta aún más admitirlo de quien se ha ganado ante la opinión pública internacional el título de paladín de los derechos humanos. Es la misma persona que ha hecho llorar a millones de personas con el testimonio de la muerte de sus padres y hermano a manos de los militares guatemaltecos. Creo necesario acotar, sin buscarles circunstancias atenuantes a esos crímenes, que fueron cometidos en Guatemala en un contexto de guerra revolucionaria, lo que no es el caso de los jóvenes fusilados en Cuba, pese a lo que afirme Fidel Castro. Solidarizarse con un gobierno criminal, le quita toda legitimidad a su acción. En el mismo caso se sitúa el otro Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel; como también el sector de las Madres de la Plaza de Mayo, cuya presidenta Hebe Bonafini, es ya un esperpento lastimoso.
Es de desear que la repercusión de Castro l'infidèle se haga sentir en América Latina, donde todavía Francia goza de una influencia innegable, y cesen de continuar midiendo los derechos humanos con el doble rasero de los crímenes buenos y los crímenes malos. Que por fin se comprenda que Castro el infiel es el hombre que se interpuso en el camino, cuando Cuba andaba en la búsqueda de un cauce.

El curriculum de Elizabeth Burgos explica la importancia de su análisis sobre el castrismo. Nacida en Caracas, en el seno de una familia de alcurnia, dejó la comodidades para unirse a los movimientos de izquierda en los años sesenta. En esos avatares conoció a su futuro esposo, el filosofo francés Régis Debray, autor del libro Revolución en la revolución (obra obligada de la insurrección en Latinoamérica) y quien llegó a Venezuela para entrevistar al guerrillero Douglas Bravo.Sus avatares por Latinoamérica la llevaron a Colombia, Ecuador, Perú (donde fue detenida, por sus supuestas vinculaciones con movimientos de izquierda) y Chile, donde trabajó de cerca con Salvador Allende. Participó en la famosa Conferencia Tricontinental de La Habana (1966) y recibió, junto a Debray, entrenamiento militar en Cuba. A los pocos años encabezó una campaña internacional que logró la liberación de su esposo, quien fue detenido y condenado en Bolivia a 30 años de cárcel después de participar en la guerrilla con el Che Guevara. Posteriormente dejó la agitada vida de revolucionaria y se radicó en Francia, dedicandóse a la antropología y la escritura.En 1982 lanzó a la fama a una joven indígena guatemalteca con un libro nacido de una entrevista: Me llamo Rigoberta Menchú: así despertó mi consciencia (Siglo XXI - 1982); obra que jugaría un papel fundamental en el Premio Nóbel de la Paz que ganó la centroamericana. Años después repitió el ejercicio con Daniel “Benigno” Alarcón Ramírez, compañero de Castro y el Che Guevara en la Sierra Maestra: Memorias de un soldado cubano (Tusquets – 1997).

viernes, 19 de octubre de 2007

¿Es Fidel Castro un agente de la CIA?

Cuatro articulos de la autoria de Andres Rivero Collado
http://groups.google.com/group/soc.culture.cuba/msg/a93473491681ba99?

Sin entrar a juzgar los desaciertos del régimen de Batista (1952-59) y por ende de la república desde 1902, en Cuba no era necesaria una revolución política o social, especialmente si su líder tenía los antecedentes gangsteriles de Fidel Castro y sus personeros más destacados como el Che Guevara, el coronel Bayo, Universo Sánchez y Carlos Rafael Rodríguez, eran de conocida filiación comunista.
¿Por qué, entonces, el gobierno americano propició la caída violenta de Batista, retirándole todo apoyo militar y diplomático, rechazando categóricamente cualquier gestión nacional que contemplara soluciones pacíficas y políticas a la crisis nacional? ¿Por qué el gobierno americano desconoció las recomendaciones de su propio embajador en La Habana, tácitamente facilitando que Fidel Castro y sus secuaces se apoderaran facilmente del poder en Cuba?
¿Por qué cuando Castro recrudeció la violencia, persecución, crímenes y despojo, no se ofreció ayuda masiva a los primeros grupos de resistencia ciudadana que surgieron en la isla a finales de 1959 y principios del 60?
¿Por qué la absurda invasión a Bahía de Cochinos y la falta de apoyo de las fuerzas armadas americanas?
¿Por qué dejar que Castro se saliera con la suya en la crisis de los cohetes (octubre de 1962), cuando retó por igual a los gobiernos americano y soviético, poniendo en peligro la paz mundial?
¿Por qué involucrarse militarmente en Vietnam para enfrentar la amenaza roja y evitar "la caída en dominó" de los países asiáticos, cuando Cuba comunista, en el traspatio de los Estados Unidos, invadía los paises latinoamericanos, arriesgando una "caída continental en dominó"?
¿Por qué se les permitió a esbirros fidelistas torturar a soldados americanos en Hanoi?
¿Por qué invadir la República Dominicana y no Cuba?
¿Por qué permitirle a Cuba refugiar terroristas de los Panteras Negras americanas, la ETA vasca, el Ejército Republicano Irlandés, los Montoneros de Argentina, los Tupamaros de Uruguay y los Senderistas de Perú; por qué permitirle asilar a mafiosos como Robert Vesco?
¿Por qué permitir que el ejército castrista invadiera Angola y en vez de denunciarlo, calificarlo como "tropa estabilizadora" en palabras textuales de Andrew Jones, embajador ante las Naciones Unidas del gobierno de Jimmy Carter?
¿Por qué permitirle a Castro vaciar las cárceles del peor elemento criminal cubano y enviarlo a Miami a través del puente marítimo del Mariel?
¿Por qué expulsar a los comunistas cubanos de Granada y no de Cuba?
¿Por qué armar ampliamente a los contras de Nicaragua y no a los cubanos combatientes de Miami?
¿Por qué bombardear a Khadaffi y no a Fidel Castro?
¿Por qué Panamá y no Cuba?
¿Por qué permitirle al tirano cubano espías en los Estados Unidos, inclusive dentro del Departamento de Defensa?
¿Por qué se toleró impasiblemente que la fuerza aérea cubana derribara en aguas internacionales dos avionetas indefensas, lo que costó la vida de tres ciudadanos americanos?
¿Por qué Afganistán y no Cuba?
¿Por qué el silencio castrista ante el vertedero talibán en Guantánamo?
¿Por qué Saddam Hussein y no Castro?
¿Por qué Aristide y no el tirano cubano?
¿Por qué diez presidentes americanos --dentro del ancho espectro político washingtoniano-- han permitido que Fidel Castro, un asesino, esclavice por más de 45 años a un país vecino y tradicionalmente amigo de los Estados Unidos?
¿Por qué --según afirma el propio déspota cubano-- el gobierno americano ha intentado asesinarlo cientos de veces? Inconcebiblemente, sin éxito alguno.
Las respuestas pudieran ser largas, complejas y turbias, pero nosotros vamos a simplificarlas. Y desglosaremos profusamente la única explicación lógica al misterio que muchos han tratado de desenmarañar inutilmente:
La existencia y presencia de Fidel Castro en Cuba sirve a los mejores intereses de la nación norteamericana.
Tal vez porque el tirano cubano sea agente de inteligencia, espía o chivato de los Estados Unidos y facilite informes secretos, esenciales a la seguridad nacional del gran país del norte.
1948: Fidel Castro en Bogotá... ¿a las órdenes de la CIA?
Es ampliamente conocido que Fidel Castro mostró tempranas inclinaciones mafiosas desde sus años estudiantiles en Cuba. El chantaje, la violencia, el pistolerismo y hasta el asesinato, como el atentado mortal a Manolo Castro, presidente de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria), fueron la funesta imagen de sus turbulentos años mozos en La Habana de la década del 40. Por eso, no sorprende que en 1948 participara en Colombia del sangriento bogotazo en el que cayera alevosamente asesinado Jorge Eliécer Gaitán, jefe del Partido Liberal colombiano, figura política destacada, de grandes probabilidades presidenciales, a quien funcionarios del Departamento de Estado americano y Edgar J. Hoover, director del FBI (Buró Federal de Investigaciones) habían calificado de izquierdista y acusaban de complicidad con dirigentes comunistas colombianos, continentales e internacionales.
En mensaje secreto de octubre de 1946 --ya desclasificado-- el embajador americano en Bogotá advertía al Secretario de Estado, George Marshall que "Gaitán, hasta entonces demócrata, estaba coqueteando con los comunistas, apoyando la posición del Instituto Cultural Colombo-Soviético que pedía que los Estados Unidos se retiraran del Canal de Panamá".
La acusación se fundaba en la sospecha del presidente colombiano Mariano Ospina que creía que Gaitán y sus seguidores preparaban un golpe de estado tipo trotskista para octubre de 1948.
William Wieland, funcionario del Departamento de Estado americano (posteriormente uno de los principales responsables del distanciamiento oficial de los Estados Unidos con el régimen de Batista) informaba confidencialmente que el abogado de la Sra. Gaitán era un "activo comunista".
Con todos esos antecedentes, llega a Bogotá para asistir a la Novena Conferencia de Secretarios de Estados Panamericanos, a principios de abril de 1948, una delegación de la FEU cubana, en la que participaban Fidel Castro y su buen amigo y compañero de luchas Rafael del Pino.
Según se infiere de un libro publicado en 1994 por Ramón Conte, ex-agente de la CIA y participante de la invasión a Bahía de Cochinos, la agencia contrató a Castro y a Del Pino para asesinar a Gaitán: "el contacto --escribe Conte-- fue Richard Salvatierra, un operativo de inteligencia asignado a la embajada americana en Bogotá". Alejandro fue el nombre que Castro usó como agente secreto; era su segundo nombre. Del Pino, por su parte, veterano de la fuerza aérea yanqui era miembro de la reserva militar norteamericana.
En el año 2001, según reporta la revista colombiana La Semana, Gloria Gaitán, hija del asesinado político colombiano, denunció que un documental mostrado en la Cuba castrista afirmaba que la CIA tuvo participación en el asesinato de su padre. Sin dudas, una maniobra propagandística del régimen cubano tratando de desvirtuar la versión que se propagaba a la sazón en Colombia (al desclasificarse algunos documentos oficiales norteamericanos) sobre la probable participación de Castro y Del Pino en el vil asesinato al político liberal y la posterior revuelta popular que sacudió a Bogotá por varios días.
Según las crónicas de la época, al mediodía del nueve de abril de 1948, Gaitán salió de su oficina en un concurrido barrio central de la capital colombiana, cuando se le acercó, pistola en mano, un individuo de siniestro aspecto que le disparó tres veces por la espalda; el atacante salió huyendo perseguido por una airada turba que comenzó a golpearlo salvajemente hasta darle muerte pocas cuadras después. Cuentan que el individuo imploraba: "no me maten que yo no soy el asesino", Un sospechoso, según testigos, estuvo toda la mañana esperando frente a la oficina del político, pero el cadáver que se identificó dactilarmente como Juan Roa, llegó tan destrozado a la morgue, que el general Sánchez Amaya, director del ejército colombiano, declaró que el cadáver estaba hecho una masa sanguinolienta lo que hacía imposible verificar si el occiso era el mismo individuo que se había visto toda la mañana acechando el edificio donde se hallaba la oficina de Gaitán.
En los días siguientes al asesinato se produjeron tantos saqueos y motines populares en Bogotá (ver foto abajo) que los investigadores policiacos no pudieron encontrar pistas que sirvieran para resolver dedinitivamente el misterioso asesinato. Los disturbios, según la policía bogotana, fueron dirigidos por Fidel Castro y Rafael del Pino a quienes muchos vieron por las calles portando rifles y dirigiendo la revuelta. Con fuertes sospechas de que también ambos estudiantes cubanos pudieran estar involucrados en el crimen, la policía fue a detenerlos al hotel en que se hospedaban sin encontrarlos, pero se incautaron de documentos, que aunque nunca hicieron públicos a la prensa, dijeron que "algunos habían sido escritos en tinta invisible."
Huyendo de las autoridades, Castro y Del Pino se refugiaron en la embajada cubana en Bogotá, cuyo representante, Guillermo Belt era un destacado diplomático conservador, pro-americano, altamente apreciado en las esferas políticas y militares de Washington. Como en Colombia se habían suspendido todos los vuelos comerciales, Belt facilitó que Castro y Del Pino huyeran del país en un avión privado convenientemente fletado con premura por una compañía americana que se dedicaba a envíos y transporte. Al llegar a La Habana, Castro declaró a la prensa cubana que "se habían fugado del convulsionado país sudamericanio por cuenta propia usando nombres ficticios". El suyo: Alejandro.
Ya salvo en Cuba, Fidel Castro y Rafael Del Pino se afiliaron al Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) dentro del cual --escribe Ramón Conte-- sirvieron p0r algún tiempo de espías para la inteligencia americana que calificaba a algunos dirigentes del partido de Eduardo Chibás como agitadores "rosados". Según fuentes fidedignas el líder ortodoxo despreciaba a Fidel Castro, en quien nunca confió.
Casi inmediatamente después del triunfo fidelista en 1959, Del Pino comenzó a conspirar contra la revolución, fue detenido, interrogado personalmente por Castro y condenado a 30 años de prisión. Philip Bonsal, entonces embajador americamo en La Habana, comunicó al Departamento de Estado que estaba muy "preocupado" con la captura de Del Pino, quien sirvió su encarcelamiento incomunicado y murió tras las rejas en 1977, según se denunció, asesinado por órdenes directas de Fidel Castro.
Eran aquéllos, tiempos cruciales en la relaciones soviético-cubana; los rusos aportaban a Castro cientos de millones de dólares anuales, no sólo tratando de remendar la descalabrada economía de la isla, sino también subvencionando las aventuras fidelistas en Africa y América Latina. Si alguien sabía secretos que podían desenmascarar al verdadero Castro era Del Pino; su muerte llegaba oportuna, en momentos críticos que precedieron a fundamentales revisiones en el Kremlin, a creciente descontento de la población cubana y a un cambio drástico en Washington de estrategias globales.
1959: Castro derroca a Batista: ¿cipayismo versus cipayismo?
Eduardo Chibás fue en Cuba uno de esos políticos seudo-revolucionarios al estilo de Haya de la Torre en Perú, que si hubiera gobernado la isla, poco hubiese logrado, ciertamente no habría terminado con la corrupción administrativa, la vulgar politiquería, las desmedidas ambiciones de poder, la lujuria mercantil, la insolencia elitista, la violencia gangsteril, o la miseria y la ignorancia ciudadanas.
Pero Chibás era un hombre honesto que detestaba a Fidel Castro y a los jóvenes militantes de igual calaña: homicidas, anarquistas, de creencias rentables, que se habían infiltrado en su Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). Y desconfiaba profundamente de ellos. Por eso como espía, Castro encontró grandes dificultades dentro de los predios chibasistas, y aunque trató repetidamente de vender confidencias sobre figuras que no eran bien vistas en las altas esferas de la inteligencia washingtoniana, no le creyeron, porque mientras alardeaba de su militancia ortodoxa, enamoraba a una joven de familia batistiana y cobraba como botellero del gobierno de Carlos Prío Socarrás (1948-52). (Su amigo y compinche, Rafael del Pino, había recibido generosas asignaciones de la Renta de la Lotería y Castro fue uno de los beneficiarios). Además, ya los Estados Unidos tenían en Fulgencio Batista un aliado que podría en cualquier momento preciso, atajar las debilidades políticas del presidente Prío, al que Washington consideraba incapaz de enfrentar el gatillo alegre de los sangrientos revolucionarios de la época, contrarrestar una posible insurrección roja en Cuba, o detener electoralmente el avance vertiginoso de las fuerzas reformistas, inexpertas y potencialmente caóticas de Eddy Chibás.
Entonces, Fidel Castro se agazapó convenientemente, se hizo agente "dormido" y aunque trató de vender simples chivaterías al golpista Batista después del 10 de marzo de 1952, cuando no pudo, planificó el cruento ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba (26 de julio de 1953), que lo lanzó a prominencias nacionales y continentales, e hizo más atractivos, noticiosos y costosos sus posibles servicios futuros de espionaje.
Con razón, los servicios de inteligencia yanqui comenzaron a registrar de nuevo en sus siniestros cuadernos de bitácora, los pasos del nuevo líder y la útil colaboración que en los años por venir, un individuo de tal ralea pudiera rendirles desde el poder isleño.
Fidel Castro, astuto de nacimiento (ciertamente su única cualidad), siguió haciéndose el dormido, comprendía que su mejor momento de chivato vendría después. En el llano pragmático, no en la sierra romántica. De todas maneras, por aquellos tiempos, latinoamérica, con la excepción de la Argentina de Perón, era fielmente pro-americana, temía al macarthismo que todavía no había sido totalmente desprestigiado y presentía que la guerra fría se calentaría aún más. Sobraban, además, los confidentes regionales que servían por igual a dos amos. Pensaba Castro, acertadamente, que sus servicios de espionaje, serían de sumo valor al conquistar revolucionariamente la pasión de un pueblo tropicalmente cándido que detestaba a un régimen incapaz de contener el avance de los rebeldes en la montaña y de los terroristas en la ciudad.
Recolectaba algún dinero el revolucionario cubano en los Estados Unidos y empezaba a entrenarse en la selvas del este mexicano. En noviembre de 1956 desembarcaba en Oriente, Cuba. Parecía una aventura idílica, un sueño imposible, quijotesco, un esfuerzo titánico. Sin que nadie, jamás, se haya preguntado como se financió tan costosa invasión, tan bien planificada, tan efectiva que ninguno de sus líderes pereció en combate, ni al principio, ni al final. Lázaro Cárdenas había sido el mentor mexicano, pero no el financista, pues aunque rosado, anti-americano y amigo de Castro, se sabe que el ex-presidente azteca no quiso compartir peculado con el revoltoso cubano de incierto futuro. ¿Quién, entonces, estaba detrás del desembarco en las montañas orientales, acaso el mismo Eisnhower que en julio de ese año, en la Conferencia de Presidentes celebrada en Panamá había declarado desenfadadamente que "los gobiernos eran creados por los hombres para servir y no esclavizar" mientras Rafael Leónidas Trujillo, desde su trono dominicano, seguía aterrorizando a su pueblo?
Casi inmediatamente después del desembarco rebelde, la eficaz propaganda yanqui empezó a favorecer la causa fidelista, pintando a Batista como un lucifer, corrupto, brutal, en asociación diabólica con pérfidos mafiosos americanos. La prensa norteña reportaba casi diariamente que todos los funcionarios del gobierno batistiano, sin excepción, robaban al erario público, que los gángsters de Nevada dirigían la represión ciudadana, que las fuerzas armadas cubanas torturaban a mujeres y niños, que en el palacio presidencial se practicaba la brujería, que La Habana era el prostíbulo del mundo y el trampolín de cocaína para las calles de Chicago y Nueva York. Ante tal deleznable deterioro político y social, se arguía, era absolutamente necesaria una violenta revolución en Cuba. ¿Y quién mejor, propugnaba Herbert Matthews, periodista estrella del New York Times, que el romántico demócrata de la Sierra Maestra, el moderno Robin Hood de las Antillas, para redimir seráficamente la isla de tanto crimen y corrupción?
Matthews omitía convenientemente en sus reportajes el bagaje criminal y turbio de Fidel Castro y los antecedentes matarifes y comunistoides de destacados revolucionarios como el Che, Bayo, Raúl Castro, Universo Sánchez y Carlos Rafael Rodríguez. Y no mencionaba el afán fidelista de desprestigiar a otros grupos combatientes como la Organización Auténtica de Aureliano Sánchez Arango, el Segundo Frente del Escambray de Eloy Gutierrez Menoyo y la Federación Estudiantil Universitaria de José Antonio Echevarría, activos movimientos lugareños, sin aparente contacto con ninguna potencia extranjera.
Claro, escribía Matthews algo cierto, que los verdaderos patrocinadores del movimiento revolucionario no eran en realidad el explotado obrero, ni el ignorado campesino, sino prominentes cubanos, ricos, conservadores, pro-americanos, como Pepín Bosch, presidente de la firma Bacardí; Miguel Angel Quevedo, director de la Revista Bohemia; Jorge Mañach, destacado intelectual; Manuel Urrutía, magistrado: José Miró Cardona, presidente del Colegio de Abogados; Roberto Agramonte, profesor, candidato presidencial, sucesor de Chibás. Y en el órden interamericano, admiradas figuras continentales como José Figueres de Costa Rica, Rómulo Betancourt de Venezuela y Luis Muñoz Marín de Puerto Rico. ¿Cómo podía ser comunista, argumentaban Matthews y muchos otros simpatizantes en los Estados Unidos, una revolución que tuviera tal apoyo de probados demócratas?
Pero además, si la revolución era comunista, ¿por qué no una denuncia oficial norteamericana en tiempos turbulentos de espionaje y guerra fría? En la conferencia de Panamá, Batista había denunciado la amenaza roja para Cuba, Eisenhower se limitó a sonreir. Y se encogió de hombros.
Aparentemente, ya Fidel Castro era atractivo para los servicios de inteligencia yanqui, que aunque muchas veces luzcan ingenuos, desorientados, ineptos, absurdos, siempre, al final, aciertan, logran su propósito que no es otro que el de garantizar la supervivencia de la gran nación americana. A pesar de todo, de terrorismo, de subversión, de guerra, la inteligencia estadounidense sigue siendo la más efectiva del mundo, y éste el país más rico, libre y demócrata de la historia.
Pues bien, se corroboró lo que se había especulado, que ante la potencialidad de un triunfo revolucionario en Cuba, el líder barbudo podría ser útil a los intereses americanos en cuestiones de espionaje internacional. Si como estudiante, como bergante, como político, como revolucionario había servido bien, como gobernante podría ser espectacular espiando entre otros gobernantes del mundo.
Los durmientes a veces tienen el sueño liviano, sirven a corto plazo, en cuestiones ligeras; otros dormidos, sin embargo, de pesado sueño, demoran en despertar, pero cuando abren los ojos, resultan extremadamente utiles. Metáfora caprichosamente injertada aquí, para desestresar la emotiva cuestión, porque...
Earl T. Smith, embajador americano en Cuba durante los dos últimos años del gobierno de Batista, llegó a la isla con precisas instrucciones de propiciar la salida del general marcista del poder; sin embargo a los pocos meses de su misión, de entrevistarse con cientos de cubanos de todo origen y entender cabalmente como se había desvirtuado la crisis nacional, Smith llegó a la conclusión que era más inteligente, más sensato, buscar una salida alterna, no-revolucionaria, a Batista, una solución política, pacífica, neutral, utilizando para ello a líderes honestos e íntegros del gobierno y de la oposición, cuyo mayor interés era servir al país y evitar una revolución caótica que desatara una debacle institucional. Y así se lo informó a su Departamento de Estado.
Inutilmente. Ya para entonces en Washington se estaba jugando la baraja Castro. Ciegamente. O como el tuerto...
Hasta el presente, el americano promedio elucubra sobre la intervención de la CIA en cuestiones cubanas, pasadas y actuales. En la página internética www.anagramgenius.com, un participante Joe Fathallah escribe un anagrama con las letras del nombre Fulgencio Batista (gun battle is of CIA). La batalla armada es de la CIA. Y William Tunstall-Pedoe, escribe con las letras del nombre Fidel Castro el anagrama (docile farts). Pedos dóciles.
Porque la realidad es que aún aquéllos que achacan a Batista toda la responsabilidad de la llegada de Fidel Castro al poder, no pueden explicar que si el general era comunista (como algunos argüyen) ¿por qué, entonces, no pactar con el comunista Castro, compartir el poder?
¿No sería más lógico pensar que Batista, cipayo americano (como otros argüyen) le dejara el poder a alguien que en su momento pudiera servir los mejores intereses de su amo imperial del norte? ¿Otro cipayo?
1959-1961: Fidel Castro... ¿preparándoles la cama a los comunistas?
Es realmente significativo que una de los primeros asesinatos por fusilamientos que se llevaron a cabo durante aquel horripilante baño de sangre que se desató en Cuba después del primero de enero de 1959, fuera el del teniente José Castaño Quevedo, segundo jefe del BRAC (Buro de Represión a las Actividades Comunistas) durante el gobierno de Batista. Castaño había sido entrenado por los servicios de inteligencia americanos en labores de detección, infiltración y espionaje y era el responsable en la isla de mantener actualizadas las fichas policiacas de connotados comunistas y terroristas revolucionarios. En cuanto entraron a La Habana las fuerzas rebeldes, el Che Guevara inmediatamente envió un comando especial a capturar a Castaño Quevedo y confiscar todos sus archivos. El teniente fue internado en una celda aislada de La Cabaña, instalación militar capitalina, juzgado sumariamente en marzo y fusilado horas después del juicio. Pocos días antes, la embajada de los Estados Unidos en Cuba había pedido al gobierno revolucionario clemencia para Castaño, pero aparentemente el ex-funcionatrio del BRAC sabía demasiado, tal vez tenía pruebas fehacientes de las estrechas relaciones entre Fidel Castro y los servicios de inteligencia americanos.
El 17 de enero de 1959, ante la tumba de Chibás, Castro había anunciado públicamente que fusilaría a cientos de militares y personeros del régimen batistiano. Nada de tribunales establecidos, de justicia promulgada, de leyes vigentes; el comandante rebelde exclamó: "los vamos a matar". La prensa nacional de México, por citar a la más notoria, condenó acerbamente al "barbón cubano" por la vesania criminal que había desatado en la isla contra militares vencidos y rendidos; en Oriente, Raúl Castro ejecutaba sumariamente a 73 soldados; Cornelio Rojas, jefe de la policía de Santa Clara, era fusilado públicamente en medio de una céntrica calle de su ciudad; el coronel Armando Suárez Suquet era ejecutado en estado de coma; el magistrado Arístides Pérez Abreu era fusilado sin apelación en Pinar del Río; el comandante Jesús Sosa Blanco era sometido a un circense juicio público y ejecutado con expediencia y así caían asesinados en los primeros ocho meses de revolución cerca de mil cubanos asociados con el gobierno de Batista y sin embargo, la embajada americana, a través de su ataché militar, sólo pedía clemencia para Castaño Quevedo, el espía que todo lo sabía.
Uno de los primeros intentos invasores para derrocar a Fidel Castro se produjo en Trinidad en agosto de 1959 cuando un grupo de cubanos que alegadamente estaban financiados por Rafael Leónidas Trujillo y dirigidos por Eloy Gutierrez Menoyo, líder rebelde del Segundo Frente del Escambray durante la lucha revolucionaria, a quien Victor Dreke, combatiente fidelista de las guerras africanas, acusa tácitamente en un reciente libro publicado en Cuba, de ser agente de la CIA. La invasión, se dice, fracasó porque Gutierrez Menoyo la denunció a Castro. Si ambas acusaciones son ciertas, la lógica entonces nos indica que Menoyo, agente americano, facilitó a Castro, también agente americano, su primer triunfo consolidativo en Cuba. El encarcelamiento y fusilamiento de los expedicionarios de Trinidad fue una gran "victoria" para el líder barbudo que ya empezaba a "denunciar" vehementemente que el imperio del norte quería estrangular la gloriosa revolución cubana.
La retórica anti-americana de Fidel Castro se espesó aún más, cual densa cortina de humo. Durante todo el año 1960, paralelo a las confiscaciones de grandes propiedades norteamericanas en la isla, Castro acusaba repetidamente a los Estados Unidos de explotadores, fascistas, militaristas, guerreros y vociferaba continuamente en la plaza pública, por radio y televisión que "los imperialistas piensan que pueden comprar a cualquiera", "siempre andan buscando a alguien que se quiera vender", "los revolucionarios haremos lo que la patria nos exija" y afirmaba convenientemente que seguiría el aforismo martiano de "hacer en cada momento lo que cada momento requiera", pues mientras bramaba "el imperio nos odia", "los Estados Unidos es un país de indigencia moral y social, sin sentido común", "los dos candidatos presidenciales Nixon y Kennedy (foto a la derecha) son unos cobardes hipócritas" al mismo tiempo, incongruentemente, garantizaba un trato respetuoso a todos los americanos en Cuba y prometía no reclamar la base naval de Guantánamo como territorio cubano.
Indudablemente, ya Castro armaba el tingaldo apropiado para
En abril de 1960, ante unas insustanciales revueltas militares venezolanas, ofrecía mil soldados rebeldes, plenamente armados, para apuntalar en el poder a "su hermano" Rómulo Betancourt, proverbial figura política venezolana, fiel amigo de los Estados Unidos, quien posteriormente rompiera relaciones con el gobierno cubano por ingerencias ominosas en los asuntos internos de Venezuela.
En septiembre del mismo año Fidel Castro invitaba a 300 líderes negros americanos a visitar Cuba, "para mostrarles como se hacía una revolución". Eran tiempos en que los Estados Unidos ebullía dentro de una explosiva caldera social, con la mayoría de su población afro-americana reclamando cívicamente la implementación de derechos abrogados por demasiado tiempo, bajo la lideratura del pacifista Martin Luther King; pero al mismo tiempo azuzada por militantes extremistas, anarquistas, comunistoides. que utilizaban la violencia, el asalto, el robo, la subversión y el terrorismo. La situación era grave, el gobierno trataba de prevenir una revolución social que pudiera arrasar con el eficiente sistema democrático del país. Y claro, supuestamente, el revolucionario cubano, "tan anti-imperialista", "tan digno", "tan valeroso", "tan radical", "tan anti-segregacionista", "tan anti-washingtoniano" representaba para los radicales líderes negros americanos una esperanza de apoyo moral, estratégico y monetario. ¿O, acaso, no sería que Castro informaría minuciosan
En diciembre de 1960 Castro estableció íntimos contactos con el camarada Patrice Lumumba, primer ministro de la nueva República del Congo y le ofreció su "incondicional" apoyo revolucionario. Un año después el líder africano era derrocado, encarcelado y ejecutado sumariamente. Al final de 1961 Kwame Nkrumah, presidente socialista de Ghana, visitaba Cuba donde recibía promesa de "total cooperación"; cuatro años después tenía que huir a la comunista Rumanía donde moría a destiempo.
Leer entre líneas los tempranos discursos de Fidel Castro es un ejercicio clarificante; casi al principio de la revolución acusó a la prensa americana de estar vendida a descomunales monopolios comerciales, a gigantes agencias de publicidad, a la CIA y, sin embargo, han sido los grandes periódicos como el New York Times sus más efusivos justificadores desde los tiempos idílicos de la Sierra Maestra. ¿Por qué? ¿No es descabellado pensar que una empresa informativa, cualquiera, independiente, experimentada, exitosa, libre, apoye a alguien que la odie, que la quiera destruir como arrasó con la prensa independiente de su propio país? ¿No es precisamente la gran prensa americana el mejor guardián de la democracia, de las instituciones nacionales, de la libertad ciudadana? ¿Por qué justificar a un monstruo? ¿Por qué?
Se acercaba Bahía de Cochinos. Y Fidel Castro repetía una y otra vez que sabía de antemano los planes invasores. En un discurso pronunciado el 12 de diciembre de 1960, afirmó: "Dispongo de cierto tipo de información que me dice lo que el imperialismo está pensando, van a cometer el error de desembarcar pequeños grupos de hombres desde Guatemala..." Cuatro meses después se producía el desembarco en Girón ¿Guerra avisada?
Si la invasión de Playa Girón se hubiera planificado específicamente para fracasar, no se hubiesen cometido tantos errores. Obvios, estúpidos, repetidos. Pero, la misma gente que planificó Girón fue la gente que desembarcó en Normandía, que plantó la bandera en Iwo Jima, que liberó a Europa, que derrotó al Japón. Entonces, ¿por qué una acción militar tan absurda, tan mal calculada en número de hombres, en monto de respaldo dentro de la isla, en lugar escogido para el desembarco? ¿Por qué cambiar el plan original de infiltración guerrillera a invasión frontal, por qué desplazar a las aguas cubanas poderosas naves de guerra que no iban a retumbar sus cañones, por qué adelantarle a la prensa mundial detalles del ataque, por qué alertar al enemigo bombardeándole bases militares tres días antes del desembarco, por qué negarle cobertura aérea a los que peleaban al descampado, asediados inmisericordemente por los aviones castristas? ¿Por qué... por qué... por qué? Se pueden hacer decenas de preguntas similares, conjeturas, pero ¿no habrá sido Girón, en realidad, la consumación de un siniestro plan concebido desde el principio para solidificar a Castro, para hacerlo aparecer como un gran estratega militar, un brillante líder bélico, guerrero sin par, David frente a un Goliat despreciado en América Latina y en otros rincones del mundo? ¿No era un tipo así el mejor espía, el mejor confidente, el mejor chivato, que un envidiado y desdeñado imperio pudiera tener a su servicio?
Pues mientras la invasión de Bahía de Cochinos fracasaba, el presidente Kennedy jugaba golf en Virginia, Fidel Castro se declaraba marxista-leninista y se desparramaba en elogios a Nikita Kruschev, el último de los carismáticos dictadores soviéticos a quien llamaba "genial, simpático, abuelo bondadoso, de fascinante energía, entusiamo y capacidad de combate; un hombre extraordinario, un líder excepcional".
¿Estaba ya, desde entonces, el barbudo cubano "preparándoles la cama" a los comunistas rusos, porque secretamente --al parecer sin que nadie lo supiera-- les planteaba que almacenaran ojivas nucleares en territorio isleño?
La apocalípsis: el mundo al borde de la debacle atómica, la guerra de los imperios. Y Fidel Castro, el protagonista más importante de la posible devastación terráquea. ¿Tiene ello sentido, el matarife cubano, el tiranuelo de poca monta, el guerrillero sin batallas, poniendo en peligro el futuro de la humanidad? ¿Quién se lo cree?
La Trampa
Nikita Kruschev cayó en la trampa de los cohetes. Ansioso de impresionar al Komitern soviético de su firmeza stalinista y borrar la payasería zapateril mostrada ante las Naciones Unidas, o su ridículo papel de bondadoso visitante a los trigales de Iowa; cuando Fidel Castro le planteó la necesidad de construir en territorio cubano bases nucleares para "defender la revolución contra un ataque imperialista", dudó inicialmente porque ya su enviado especial a La Habana y a Washington en la primavera de 1962, A. Adzhubei, le había informado que Kennedy "no tenía intención alguna de invadir a Cuba, a lo que Castro reaccionó gratamente". Sin embargo, ante la posterior insistencia castrista de que los yanquis eran mentirosos, que se planeaba una inminente invasión a suelo cubano y que "la heroicidad del pueblo no era suficiente para derrotar a los brutales agresores" sino que "también era necesario el apoyo incondicional del poderoso arsenal atómico de la Unión Soviética", el máximo dirigente comunista accedió a la infame petición del tirano barbudo, aunque con ello se pudiera desatar una hecatombe nuclear que costaría la vida a cientos de miles de seres humanos.
Lo que no sabía Kruschev --que Castro sí sabía-- era que en una reunión confidencial de enero de 1962, entre el entonces Secretario de Justicia americano, Robert Kennedy y altos jefes militares del pentágono, se había decidido combatir al déspota cubano "únicamente por medio del aislamiento y desestabilización económica para que se mantuviera ocupado en resolver crisis nacionales dentro de la isla y dejara de inmiscuirse en la política latinoamericana". Dato interesante resulta que durante la misma reunión, Kennedy "se asombraba" de que la comunización cubana había sido más rápida y exitosa que la de los países de Europa oriental; lo que hacía de Fidel Castro el discípulo socialista perfecto, pues aunque había nacido en cuna de oro y recibido formación escolar jesuíta, se declaraba ser un convencido "marxista-leninista". ¿A quién trataba de impresionar el cubano, al gobierno americano que lo sabía criminal, a su propio pueblo que le demostraba una admiración pasional, o al soviético a quien podría utilizar como "buey de oro" con sólo fingir ser un aliado útil y sincero a la causa comunista, en el mismo corazón de América, a noventa millas de los Estados Unidos?
¿A quién, en realidad, ha servido más Castro en su longeva piratería del poder cubano, a los soviéticos que tuvieron que mantenerlo económicamente por casi 30 años o a los Estados Unidos que ridiculizaron al imperio comunista el 29 de octubre de 1962?
La secuencia de acontecimientos alrededor de la crisis de los cohetes, es bien peculiar, sumamente confusa, e indicativa de que Fidel Castro, sagaz, supo que su tercera rentable coyuntura histórica se aproximaba (primera: triunfo revolucionario; segunda: Playa Girón).
Según documentos secretos del régimen cubano, el 24 de octubre, el capitán Pedro Luis (sin apellido) oficial de información del ejército fidelista, le comunicaba a Castro que "por los datos concretos que poseemos, no hay evidencia alguna de agresión inmediata por parte del imperialismo", a lo que el tirano sardónicamente respondía que era muy importante terminar el estado de alerta para reanudar las labores de fumigación, pues las plagas a las cosechas podían hacer más daño que el enemigo.
Y sin embargo, dos días después, el 26 de octubre, Castro denunciaba ante la televisión cubana "una inminente invasión americana" y ordenaba derribar uno de los aviones U-2 que volaba sobre ls isla en misión de reconocimiento, lo que en si, tácitamente, era una declaración de guerra a los Estados Unidos. Aunque nada sucedía.
Pero Kruschev, alarmado por el peligro en ciernes, cablegrafiaba a Castro pidiéndole mesura y recordándole que los aviones espías americanos volaban regularmente sobre Cuba sin ser derribados y éste no era el momento propicio para repelerlos agresivamente pues "ello podría desatar la tercera guerra mundial."
Castro respondía que estaba ordenando inmediatamente evitar otro derribamiento y agradecía a su camarada los esfuerzos por lograr una coexistencia pacífica entre todos los países del mundo, "por lo que reciba usted, camarada Kruschev, mi más profunda admiración."
Al día siguiente, 27 de octubre, Castro ordenaba a su canciller Raúl Roa, negar públicamente que en Cuba hubiese bases nucleares, aunque ya el canciller norteamericano, Adlai Stevenson había mostrado detalladas fotos de los silos operacionales en San Cristóbal, Guanajay y Sagua la Grande.
Y ese mismo día, Castro cablegrafiaba a Kruschev pidiéndole que disparara un mísil nuclear sobre alguna ciudad americana, como "la única forma de evitar la agresión imperialista contra Cuba."
El 29 de octubre, los barcos rusos que viajaban a Cuba con las ojivas nucleares, esquivaban el poderío marítimo de los Estados Unidos que bloque
En el sur de la Florida, miles de soldados americanos aguardaban órdenes de invadir a Cuba y los aviones U-2 volaban constantemente sobre territorio isleño, sin ser molestados.
Fidel Castro se desgañitaba ladrando, pero no mordía. ¿No ha sido siempre su abyecta técnica de gobierno?
Alardeaba de haber obtenido "garantías" de que Cuba no sería invadida por los Estados Unidos, en un pacto no escrito "Kennedy-Kruschev" que por no tener fuerza legal, podría ser ignorado en cualquier momento.
Arthur Schlesinger, asesor del presidente Kennedy, afirmaba que "Kruschev había cometido un error de cálculo peligroso." Y en una reunión de Robert Kennedy con altos oficiales de seguridad norteamericanos se había planteado la necesidad de "usar nuevos e imaginativos medios para librarnos de Castro."
Aparentemente perdía Kruschev y Castro, ganaba Kennedy. ¿De verdad?
Pues, incongruentemente después de la debacle, del cuasi holocausto, Kennedy accedía a pagar el cuantioso rescate que las "cortes judiciales" castristas habían demandado para liberar de la cárcel a los expedicionarios de Bahía de Cochinos.
En marzo de 1963, Fidel Castro viajaba a Rusia a "conversar" con Kruschev y declaraba que "las relaciones entre la Unión Soviética y Cuba eran cercanas, tan fraternalmente sólidas que nada así jamás había sucedido antes en la historia del mundo." Sin mencionar, por supuesto, que los soviéticos lo ignoraron en las negociaciones durante la crisis de los cohetes.
En conferencia televisiva de junio 5 de 1963, Castro empleó cuatro horas en describir minuciosamente su visita a los predios comunistas rusos, elogiando a su pueblo, su sistema, su patriotismo, sus líderes y sin embargo en interminables peroratas por ciudades soviéticas, Castro dejó entrever sus verdaderas intenciones cuando afirmó: "los cientos de jóvenes cubanos que estudian en Rusia son centinelas de la revolución" ¿Chivatos?
Y dijo que todo lo que veía, equipos de guerra, agrícolas, experimentos termo-nucleares, fábricas de aviones, carros y camiones, muelles de portaviones y bases submarinas, lo iba anotando en un pequeño libro para que no se le olvidara después describir en detalles el formidable adelanto industrial del mundo comunista. "Me he familiarizado --declaró Castro-- con la poderosa maquinaria militar del campo socialista".
Fue tan eficaz en alardear su conversión marxista-leninista, que le otorgaron la Medalla de Héroe Soviético. Lo que aprovechó para pedirle a Kruschev sustancial ayuda económica que "salvará la revolución cubana, que siempre será fiel a los principios comunistas". Y para comenzar pidió 2000 tractores y aunque sólo le dieron 1500, con ello empezó para Cuba un exorbitante subsidio permanente que desangró la economía soviética y contribuyó fundamentalmente a su desmoronamiento. El chantaje castrista fue efectivo. Démosle crédito al tirano cubano. Cobraba con las dos manos.
En su conferencia televisiva Castro, ademas, afirmó que Cuba estaba segura que "jamás habría una invasión americana a la isla", mientras grupos exiliados se infiltraban constantemente en la isla introduciendo toneladas de armas para una esperada sublevación popular. Inefectivo, pues "extrañamente" los cargamentos eran siempre "descubiertos" por los fidelistas a los pocos días de llegar a suelo cubano.
Y concluía Castro su conferencia de principios de 1963, diciendo: "estamos dispuestos a normalizar las relaciones diplomáticas con los Estados Unmo contra nosotros, pero la Unión Soviética nos defenderá, cueste lo que cueste."
La cama estaba hecha. La trampa. Los soviéticos pagaron bien caro la confianza en un traidor. De pícara monta. Nikita Kruschev fue destituído en 1964 y murió en 1971 sin pena, ni gloria. Olvidado y despreciado por sus propios camaradas.
Fidel Castro: ¿Asesino de Kennedy y del Che?
John F. Kennedy sabría o no que Fidel Castro vendía secretos al "imperio", cuya política fundamental siempre ha sido la supervivencia, pero en el orden personal despreciaba profundamente al déspota cubano, a quien consideraba un abominable dictador que reprimía brutalmente a un pueblo que todavía lo idolatraba, aunque discrepara de sus métodos de gobierno.
Por eso no extraña que cuando el popular presidente americano fuera baleado mortalmente en Dallas, Texas, aquel infausto 22 de noviembre de 1963, Castro fuese uno de los primeros sospechosos del alevoso crimen. El acusado directo, Lee Harvey Oswald, era simpatizante comunista, militaba en la organización "Trato Justo para Cuba", estaba casado con una rusa, había vivido en Moscú y pocos días antes del asesinato, había visitado la embajada sovética en Ciudad Mexico "pidiendo una visa para visitar la isla fidelista".
En declaraciones a la policía y al servicio secreto, inmediatamente después del asesinato, Oswald dijo que "apoyaba la revolución cubana y consideraba a los exiliados sus enemigos." Además, Fidel Castro repetía entre sus íntimos que "Kennedy tendría que pagar sus crímenes por Bahía de Cochinos y la Crisis de los Cohetes." En un discurso público de enero de 1963, el tirano cubano bramaba que "Kennedy degradaba el cargo que ocupaba" y que él "lo odiaba pues le había garantizado a la Brigada 2506 en Miami, que le devolvería la bandera cubana en una Habana libre." "Eso es una amenaza del presidente imperialista que no puedo tolerar" se desgañitaba gritando Castro, once meses antes del asesinato.
Hasta el mismo Lyndon Johnson en su autobiografía relató que durante su lúgubre viaje a Washington para tomar posesión del cargo presidencial, se preguntó cien veces si Fidel Castro no era en realidad el asesino intelectual de Kennedy.
Ciertamente todo indicaba que Castro, utilizando a Oswald y a otros sicarios, estaba comprometido hasta la saciedad en el infame crimen. Hasta los mismos que achacan a la CIA estar detrás del hecho, piensan que Fidel Castro, como doble agente, tuvo participación importante en la tragedia de Dallas.
Pero, sin embargo, a pesar de todas las pruebas en contra del déspota cubano, en los 26 volúmenes publicados por la Comisión Warren que investigó "exhaustivamente" el asesinato presidencial, no aparece mención alguna a la posible o probable complicidad de Fidel Castro en el sangriento acontecimiento. ¿Qué peculiar, verdad?
Aunque durante el gobierno de Lyndon Johnson se intensificaron las acciones secretas contra Cuba, infiltrando comandos de asalto que supuestamente diezmarían las tropas revolucionarias armando a insurrectos, haciendo sabotajes a la infaestructura isleña y realizando atentados personales, la realidad es que ningún alto oficial fidelista ha sido jamás ejecutado por los "contra-revolucionarios" y a pesar del embargo económico y la "rebeldia" popular, el oprobioso régimen fidelista nunca ha sido desestabilizado al punto de su derrocamiento, ni siquiera de enfrentar una grave crisis de sostenimiento. Aún cuando denunciaba "una inminente agresión imperialista" Castro se daba el lujo de viajar por el mundo y de incoar actos subversivos contra gobiernos legales de Asia, Africa y Latinoamérica.
Es más, en octubre de 1965, Johnson le regaló a Fidel Castro la fuga de Camarioca (puerto central en Matanzas, Cuba) por donde emigraron hacia los Estados Unidos decenas de miles de cubanos, ante la complacencia de un tirano que se podía librar, sin violencia ni represion, sin fusilar o atiborrar cárceles, de cuanto ciudadano se sintiera descontento o afectado por sus radicales medidas revolucionarias de cuestionable corte comunista. A ese efecto, inmediatamente, Castro facilitó dos aviones diarios para transportar cubanos al "imperialismo" sin costo alguno. Generosidad apabullante con quienes calificaba de "gusanos".
¿Pudiéramos imaginarnos cuántos dictadores de América Latina se hubieran perpetuado en el poder si los Estados Unidos les hubiesen aceptado recibir en su suelo libre y generoso al enemigo, opositor, disidente o derelicto social que quisiera abandonar el país? Todavía tendríamos en el poder a Perón, a Trujillo, a Noriega.
Claro, todo tiene su precio. Y muchos dictadores latinoamericanos, aunque despreciables, no volaron tan bajo como Castro, quien vendía "favores" a la CIA, incluyendo la entrega de su compinche el Che Guevara. (Foto de ambos a la derecha)
A diferencia de Fidel Castro, burgués aprovechado, que nunca ha disparado un tiro en combate, el Che era un convencido revolucionario. Criminal, vil, valiente, osado, implacable, fanático, doctrinal, siempre fue para el tirano un enemigo en potencia. Un rival revolucionario con proyección internacional, quien dada su popularidad en los ámbitos más radicales de Cuba y del continente, podría en algún punto, representarle al déspota cubano un serio problema de mando, de orientación gubernamental, o tal vez llegar a descubrir sus siniestras conexiones con organizaciones de inteligencia norteamericanas.
Aquí no relataremos las muy conocidas aventuras del Che, sólo digamos que de su periplo por Africa y su llegada a Bolivia, el gobierno de los Estados Unidos estaba plenamente informado. En documentos secretos de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, ya desclasificados, se consigna que:
En octubre de 1965 (a raíz de Camarioca), Castro había denunciado el fracaso económico bajo la égida del Che en Cuba y se oponía a sus planes de exportar la dinámica revolucionaria a latinoamérica y Africa, en vez de concentrarse en un mejor trabajo por el régimen isleño.
A fines de 1966, el Che arriba a Bolivia, portando innumerables documentos falsos, todos elaborados en Cuba.
En abril de 1967 un contingente de 16 Boinas Verdes americanos es despachado urgentemente a Bolivia para entrenar las tropas que buscarían al Che por las impenetrables montañas andinas.
En junio de 1967 Kosygin, el primer ministro soviético, acusa a Fidel Castro de haber enviado al Che a Bolivia, sin informárselo al partido comunista local.
En agosto de 1967, justificándose, Castro acusa a la Unión Soviética de "haber traicionado su legado revolucionario, negando apoyo a los movimientos facciososo de latinoamérica".
Poco después llegan a La Paz, Bolivia, dos agentes cubano-americanos de la CIA con instrucciones específicas para la captura del Che, quien es apresado el 8 de octubre y ejecutado en su celda al día siguiente. (Foto arriba)
El 11 de octubre de 1967, Walter Rostow, asesor presidencial americano, le escribe un memo a Johnson: "La muerte del Che Guevara tendrá consecuencias importantes, pues el final de este revolucionario agresivo, romántico, desalentará a los movimientos revolucionarios de América Latina que tratan de derrocar a sus gobiernos por medios violentos."
Cínicamente, Fidel Castro declaraba en La Habana que la vida del Che había sido "una gloriosa página de la historia revolucionaria" cuando en realidad nadie se beneficiaba más de la muerte (a la derecha, foto de los restos de Guevara enterrados en Las Villas, Cuba) del esbirro argentino-cubano: el déspota se libraba de un peligroso retador, se ganaba un mártir al estilo "Camilo" y le probaba a sus amos que su "colaboración" en los años por venir podría ser de significativo valor pues si pudo entregar al Che a pesar de todo su "prestigio revolucionario", podría hacer cualquier cosa que le conviniera al "imperio". Así ha sido. Continuaremos... Reply to author